La capacidad de todo ser vivo por cuidar de sus congéneres es algo que siempre me ha parecido asombroso… Claro que sin esa protección mutua no existiría la supervivencia, porque si una madre no cuida de su hijo, no habría camada, si un hijo no cuida de su padre no habría afecto, y así sucesivamente. Porque al final la supervivencia no es un mero eslabón de una cadena, sino que se necesita que todo funcione… El cuidado es un fiel reflejo de cómo hemos sabido adaptarnos y protegernos entre nosotros…
He pensado demasiadas veces que cuando alguien dice ser amigo tuyo tiene que cuidarte… No solamente escucharte, por supuesto, no solamente estar ahí cuando lo necesitas, sino también saber distinguir entre lo que es bueno o es más nocivo para ti… Siempre cuento una anécdota de cuando yo, rebelde inconformista, con mis 17 años, empecé a fumar… Había varias compañeras que me seguían el juego, porque ellas también participaban de aquello… Sin embargo, recuerdo una, que es así, que me quería cuidar de verdad, que aunque ella fumase nunca, jamás me ofreció ni me dió un triste cigarrillo… Porque como ella decía si tú eres libre de fumar, yo soy libre de no darte…
Lo que ocurría en realidad es que ella era una verdadera amiga, y hacía uso de ese cuidado del que he hablado… Algo que sabía que era nocivo para mi salud, no me lo quería ofrecer, aunque ella sí lo usase… Creo que cuando alguien quiera arrastrarte hacia su mismo lodo, es porque en realidad no se conforma con haber caído ella, también quiere que lo hagas tú… Y ahí es cuando yo cuestiono la capacidad de esa persona, por cuidarte, y mucho más la definición de ser un verdadero amigo

