La historia familiar es la de las manos que sujetaron los aperos de labranza durante décadas, y las manos que ordeñaron decenas de vacas. María José Mulero (Valladolid, 1977) tomó el relevo de su padre, Ventura Mulero (ya fallecido), y de su madre, Nina de Caso, una de las primeras mujeres ganaderas en Medina de Rioseco (construyó una nave de ganadería de vacuno en 1979, en un polígono promovido desde el Ayuntamiento riosecano).
“Desde muy pequeñita yo iba a las tierras, principalmente con mi padre”, cuenta en conversación con Social24Horas. A muy temprana edad conducía un tractor y ayudaba en las laboriosas tareas de riego. Ya de niña, de paso, aprendió que lo suyo iba a ser mirar hacia el cielo casi todo el tiempo.
Hoy María José es agricultora, gestiona una explotación agrícola de cereal, leguminosas y oleaginosas, tanto en secano como en regadío, en las localidades vallisoletanas de Medina de Rioseco y Villanueva de San Mancio. Es, a su vez, ingeniera técnica agrícola.
El resumen de su biografía da una idea del nivel de actividad en la comunidad rural de su entorno. Trabaja en el grupo de acción local y ha coordinado durante dos décadas proyectos de cooperación LEADER (vínculos entre acciones de desarrollo de la economía rural). Ha formado parte durante doce años de la junta directiva de la Junta Agropecuaria Local de Medina de Rioseco, y actualmente es miembro de la junta directiva de la Asociación para el Desarrollo Rural de Tierra de Campos.
Poco a poco se ha ido haciendo experta, no le ha quedado más remedio, en la parte de la comercialización. La venta de la producción la realiza sobre todo a través de cooperativas próximas (como Coproga). Al mismo tiempo, es proveedora de forraje para cooperativas de Asturias y Cantabria, que lo usan para ganadería. También vende parte de la producción a Agrifeed.
Obstáculos en el camino ha habido muchos. Muchísimos. Cuando falleció su padre, se encontró desamparada en esas tierras que siempre habían compartido. Tardó en sentirse a gusto afrontando los problemas sin Ventura. Por ejemplo, “los insumos son carísimos” y, pequeño detalle, “a veces la rentabilidad no es la que piensas”.
Hay otro detalle que muchas veces la población pasa por alto: “Como agricultoras, estamos atadas de pies y manos porque no ponemos precio a nada: ni a lo que compramos ni a lo que vendemos”. Europa, señala, lo está complicando todo cada vez más en este sentido.
“Hace tres semanas estábamos muy nerviosos porque no llovía”, confiesa, presentando otro de los problemas habituales. “La cebada estaba en una situación muy crítica. Gracias a estas lluvias se remonta un poco”. Dependen, se lamenta, de condiciones externas que no están en su mano.
Los momentos buenos, que han sido apartados a propósito hacia la parte final del texto, para recibir a San Isidro Labrador con esperanza, tienen que ver con esta celebración en la que los labradores se juntan, festejan, intercambian experiencias, como lo hacen en las cooperativas, se abrazan, se felicitan. Esta expresión colectiva es fundamental, cuenta Mulero, porque la suya “es una profesión muy solitaria; te montas en el tractor y estás sola”.
Con el respiro de las lluvias, el 15 de mayo será más hermoso todavía. Pero hay más días felices en el campo. Son emocionantes, por encima de todos, dos momentos: el de la siembra y el de la cosecha. En el caso de María José, cosecha es sinónimo de hermandad: “Es otro día de alegría. Viene gente de la familia y amigos”.
Y hay una última sensación que le proporciona casi la misma energía positiva: el hecho de darse cuenta, entre todo el trasiego del día a día, de la suerte que ha tenido al poder vivir y trabajar donde se crio, y donde más le gusta: en Medina de Rioseco.
V.D.L.




