Ni está acostumbrado Erik Urano ni lo estaba el público. Se anunciaba como una sesión de deep listening (escucha profunda) en torno al LP Stalker (Sonido Muchacho, 2026), lanzado en febrero por el rapero vallisoletano. En un mano a mano con el periodista musical Rodrigo Suárez (Senda Fatal), Erik Urano pretendía explicar canción a canción todos los detalles del disco, según los iban pinchando en la sala. No pudo salir mejor.
“Me pone ciertamente incómodo escucharlo aquí”, reconoció el protagonista a las primeras de cambio. La incomodidad es un concepto de ida y vuelta, como quedó demostrado poco más tarde. Ciento cincuenta seguidores llenaban el espacio cultural subterráneo del Cupra City Garage en la madrileña calle Serrano y hacían honor a los estudios de la estadounidense Pauline Oliveros, compositora, acordeonista e investigadora. Oliveros, considerada una de la pioneras de la música electrónica, fue quien elaboró el concepto de deep listening, a través del cual se intenta expandir los límites de la concentración, multiplicando la capacidad sensitiva.
De Stalker (La Zona), película de ciencia ficción del cineasta soviético Andréi Tarkovski, brotan la mayoría de los resortes que activan cada capítulo de este trabajo. En el propio color del vinilo ya se adivina la niebla. “No sabes exactamente a dónde vas. Es solo disfrutar”. Su lenguaje creativo es el rap, anticipó Erik Urano, eso siempre lo ha tenido claro, pero nunca ha querido acotarse: “Lo menos hip hop del mundo es querer sonar como alguien ha sonado ya. Lo último que me ha apetecido es hacer algo que ya se hubiera hecho”.
Representar La Zona comenzando con una sirena nuclear es toda una declaración de intenciones, proclamó. Así arranca Noosfera. “La primera sirena que suena es sintética, y la segunda es un sampler”. Son alertas, avisos de lo que viene a partir de ahora. Hay subidas, bajadas e instantes de confusión, de reflexión, inherentes a la expresión artística. “En el arte se están obviando las incomodidades, dejarte en tensión”, se lamentaba el rapero.

El siguiente paso es Brutalism, hit de Stalker, uno de sus adelantos. Una oda a caminar por la ciudad. “Zar me pasó un beat y me salió el concepto de brutalismo”. Eso también es incómodo, como meter beats de jungle en el medio, simulando el caos de los semáforos y los coches en el centro de cualquier ciudad.
“El stalker anda, camina por la ciudad, con ese concepto del Mago de Oz de las baldosas amarillas”, explicó Erik Urano. “Pero es que en Valladolid no hay baldosas amarillas: tenemos que buscarnos la vida”.
“El odio une como gluones” fue la frase de la que, tirando del hilo, se llegó hasta el otro hit y adelanto del LP. Gluones es “una rapeada con las baterías colocadas de otra manera”. O lo que es lo mismo: coger los géneros y destrozar el molde. “Más que romper, amplíar”. El beat que lo parte es de Merca Bae, y la colaboración que lo propulsa es con Hoke.
En un par de horas de charla, entre tanta escucha profunda, hubo tiempo también para el humor, como cuando Erik, comentando la canción Solaris, tuvo que confirmar que su padre, al que hace referencia en la letra, sigue vivo. Y es que al mencionarlo con nostalgia en la misma frase que al astrónomo y astrofísico Carl Sagan, se había ido generado un dramático runrún que era necesario frenar cuanto antes.
La base la hizo Harto Rodríguez desde cero, con un prophet que hay en el estudio de Sonido Muchacho. Luego ya, jugando con el bombo a negras, entró en acción Merca Bae (el productor salmantino -Alejandro Silva- estaba entre el público del Cupra City Garage).
También tuvo momentos cómicos la explicación del interludio -2º. “Vengo de un lugar donde no existen directores de arte”, comienza el tema, con otro ramalazo de orgullo de barrio. “Es que es verdad”, se justificaba Erik: “A lo mejor en Madrid es normal trabajar como director de arte, pero en Valladolid no conozco ninguno, la gente tiene trabajos normales”.
Ese mismo tema finaliza con unos veinticinco segundos de silencio, “un ruido blanco muy guapo que va de izquierda a derecha”. De esa producción se encargó Luis Amoeba, y cuando Erik le hizo saber que le encantaba ese final, el productor se quedó extrañado, para acto seguido advertirle que el silencio era fruto de un error a la hora de la exportación del archivo de audio, y que se lo volvería a enviar correctamente. Erik, sin embargo, decidió dejarlo así, tal como había surgido por azar.

Stalker es un álbum de melómanos para melómanos, pero en sus surcos destacan tres homenajes por encima del resto. El primero es a la banda alemana Fraftwerk. Los de Düsseldorf, capitaneados por Ralf Hütter y Florian Schneider, lanzaron Radio-Activity en 1975. Hace tres años, Erik Urano se permitió el lujo de grabar una “versión mutante”. El original le marcó desde la primera vez que lo escuchó, y siempre había querido hacer algo con ese recuerdo. “Harto le dio un rollo techno lentorro”. A pesar de ser publicado como sencillo bastante antes del momento de creación del resto de temas, Radioactividad encajaba perfectamente en la narrativa de Stalker.
Otro gran homenaje es el que tiene como personaje al zanfonista pucelano German Díaz (sobrino del etnógrafo y folklorista Joaquín Díaz): un sampler de su tema Canción de cuna matemática (nana en 5/8) fue el ingrediente elegido por Harto Rodríguez para construir la base de Nana del tiempo. “Este disco es muy de Harto”, admitió Erik. “Es tan suyo como mío”.
La última artista inmortalizada en el álbum es la japonesa Fujiko Nakaya, que da título a una de las mejores canciones de esta colección (esa de “solo es real la niebla”). Nakaya ya trabajaba la niebla como concepto escultórico a principio de los años setenta: ella también encaja, por méritos propios, en La Zona de Erik Urano.
Víctor David López




