Es muy genuina esa relación que a menudo se establece entre los admiradores y sus ídolos. Es curioso como atribuimos cualidades casi divinas a personas cuyas vidas son más parecidas a las nuestras de lo que podemos considerar a priori.
Son personas que tienen preocupaciones, que tienen defectos, que tienen virtudes y hasta que hacen sus necesidades como el común de los mortales. Pero la admiración, que está siempre teñida de una gran idealización, muchas veces hace que todo eso pase desapercibido y nos atrevamos a atribuir a personas como cantantes, actores y, ahora más recientemente, influencers, casi poderes mágicos (por ello nadie les pueda criticar o simplemente desafiar).
No sé si será algo natural a la condición humana este tema de tener ídolos, supongo que sí, pues el ser humano a menudo necesita verse reflejado en otros congéneres, o bien para superarse, o bien para confirmarse porque al final, es lo que digo, las vidas son todas muy parecidas y si el famoso de turno puede impresionarnos porque sufre problemas económicos, o un accidente automovilístico, etc., es porque al final nosotros también podemos experimentarlo y de hecho lo experimentamos.
Al final lo de creer que la sangre azul concedía poderes sobrenaturales y casi mágicos es más propio del medievo, pero es curioso cómo algunas personas piensan que otras, por el mero hecho de ser famosas o conocidas, no pueden ser objeto ni de críticas ni, por supuesto, tener defectos. Al final todos estamos aquí, todos somos personas por encima de todo.




