El artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Ese fraternidad se va perdiendo por el camino, aunque la Convención sobre los Derechos del Niño también hable, en el caso de los menores, de protección, asistencias especiales del Estado, hogares de guarda, etc.
El Tribunal Supremo, por su parte, recordó el mes pasado que “la atención inmediata a menores extranjeros no acompañados localizados en territorio español constituye una obligación legal incondicionada”. Todo lo anterior parece papel mojado cuando se tiene delante un drama humanitario como el que ha surgido estos días en Ceuta con la entrada masiva y a nado de miles de personas migrantes, muchos de ellos menores de edad (según el conteo de la ONG Caminando Fronteras, van más de 140 personas fallecidas entre las aguas españolas y marroquíes). La respuesta de la mayoría política y social del país deja claro lo lejos que estamos de la palabra humanidad.
En el caso de Castilla y León, desde el gobierno regional ya se ha anunciado que se utilizarán “todos sus recursos” contra el reparto de menores migrantes desde Ceuta. Se oponen frontalmente.
No son capaces los representantes políticos de individualizar la tragedia; de comprender que detrás de cada persona que cruza una frontera, sea o no menor de edad, hay una historia. Las prioridades de los políticos son otras, y están relacionadas casi siempre con la generación de controversias que satisfagan a sus votantes (algunos de ellos, igual de insensibles) y generen votos y poder.
El reparto coordinado de los menores de edad en todas las Comunidades Autónomas del país no impide, explican los especialistas, que se siga buscando la solución de la reintegración familiar, siempre que sea factible y positiva. Al final, es un proceso mucho más mundano que lo que las polémicas televisivas quieren mostrar: se ha hecho con anterioridad y se seguirá haciendo en el futuro. Esta acogida es una muestra de humanidad, responsabilidad y cooperación.
VDL

