Les quemaban las nuevas canciones a los Levintants (es lógico, ante este momento trascendental en su carrera) y algunas las han ido adelantado durante todo este año. El viernes, por fin, sale a la luz por completo el LP (la preventa ha funcionado muy bien) ¿Qué arderá mañana?, con nuevo sello, Calaverita Records, fruto de dos semanas de grabación en los Estudios La Mina, en Granada, con Raúl Pérez en el control técnico y en las mezclas.
Un álbum nutritivo, entretenido, inteligente, que está bien escrito y que suena a las mil maravillas (con una voz, además, en estado de gracia). De ¿Qué arderá mañana? uno no sale igual que entra. Arranca desde La cena (“no sé qué decir que queráis oír”), alcanza pasajes álgidos en Muerte a la española y Pechocuchillo, y se despide con el cierre redondo y alentador de la Introducción al baile, aunque ya se haya bailado (un poco) mucho antes con True crime. Social24Horas conversa con Sergio Isabel, el alma máter del grupo, en la previa de la actuación en acústico que, en Bicoca (jueves 17/09, 20:00), servirá como lanzamiento.
PREGUNTA. Para estar ahí después de tanto tiempo hay que tener mucha resistencia. ¿Cuánto esfuerzo requiere todo esto?
RESPUESTA. Siempre he sido una persona muy curiosa y siempre he tenido muchas ganas, y a veces necesidad. He creído mucho en el proyecto, aunque he pasado por momentos en los que a lo mejor me ha resultado más complicado. La música en un refugio.
P. ¿Cuál fue el momento más complicado?
R. El más duro fue cuando se fueron Dani y Juan, que eran miembros originales. Luego Dani por un breve periodo de tiempo volvió, porque yo les había mandado maquetas de canciones que tenían buena pinta. Pero al final decidió irse, y eso fue como un palazo. Habíamos montado la banda y desmontado en menos de seis meses. Yo tenía canciones que me parecía que merecían la pena, como Vámonos, Oeste o Adelante, y las quería grabar. A dos semanas de entrar a grabar me quedé sin banda. Ahí pensé en mandarlo todo a la mierda. No dejar de hacer música, sino apartar esto y volver a empezar con otro proyecto. Lo que pasa es que hubo gente cercana que me dijo tío tienes que tirar.
P. ¿Quién fue esa gente que te animó?
R. Javier Vielba, que ahora es el productor de este disco (ya hizo la producción del primero en su momento), siempre me ha apoyado. Álex izquierdo (Ángel Stanich Band, Los Jarabo) me apoyó. Me apoyó mucho mi mánager, Chema Rey; Javi Nieto, que tenía un estudio que se llamaba Dobro. Y mi mujer, Teresa. Incluso fans que escribían, y otros amigos que se habían enterado. Además, Carlos Hernández Nombela, con quien teníamos reservado estudio, me dijo: “Las canciones son la hostia. Búscate una banda y en quince días nos vemos”. Fue cuando aparecieron los chicos, la banda actual. Sergio y Marcos estuvieron al pie del cañón. En quince días preparamos los temas y nos fuimos a grabarlo. Entonces supe que esto merecía la pena y que de hacer canciones no me iba a bajar nadie.
P. Pues es bonito ver que un proyecto genera tanto cariño alrededor, porque, independientemente de los discos, al final va a ser esa unas de las cosas que perduren.
R. Yo creo que sí, sobre todo porque en los niveles en los que nos movemos somos un grupo pequeño, genuinamente independiente. Hacemos esto porque nos sale, porque lo disfrutamos. Esa autenticidad se contagia.
P. Mencionabas a Vielba a la producción, y sé que tienes la sensación de que esta vez las canciones están a otro nivel.
R. Sónicamente, cuando la gente oiga el disco va a entender que hay un punto más, que lo hemos cuidado. Hubo un momento en que el proyecto estaba en modo supervivencia, como cuando en un videojuego te queda medio corazón. O ganas la partida o te vas a la porra. Ganar la partida significaba ir grabando cada vez que tenías un rato, seguir haciendo conciertos. Se nos juntó cambio de formación y cambio de idioma. Haber sobrevivido a eso nos permitió ganar un par de corazoncitos para grabar un disco con más calma, con más tiempo, invirtiendo más recursos también.
P. Hay gente que se aburre de recibir más de los mismo. Levitants resulta una banda imprevisible, impredecible: se puede esperar cualquier cosa de vosotros.
R. Es parte de la magia. Cuando llevas tanto tiempo puedes encontrar una seña de identidad, el hilo conductor está, y siguen interesándome temas parecidos, pero ya pasé por esa etapa de estar obsesionadísimo con conseguir que todo sonase igual, y me aburrió mucho.
P. ¿Tú mismo te aburriste?
R. No era mi manera de entenderlo, me parece que lo suyo es explorar. Ahí está la gracia. Lo único es que los que se juntan lo tienen que ver como algo divertido y enriquecedor.
P. Desde que arrancó la banda, estáis siendo testigos de la transformación de la industria musical. Ahora repunta el vinilo, se multiplican los festivales, se dispara el precio de las entradas de los conciertos, la gente está pagando cantidades astronómicas… ¿Esto, como artista, cómo lo absorbes tú?
R. Tiene que ser todo un poco acorde. Nosotros también hemos tenido que subir el precio de las entradas. No es normal que haya conciertos a ocho o diez euros porque es inviable para cualquier banda. Salir de casa con los músicos, pagando furgoneta y técnico de sonido, ya te pones mínimo en mil y pico euros, sin cobrar yo, para moverte por cualquier lado. Pero estas barbaridades que se calzan algunos festivales o algunas bandas no las entiendo. Hay bandas muy coherentes que lo mantienen muy ajustado y están haciendo cosas chulas. Me encantan muchas bandas pero hay unas columpiadas increíbles. Por ejemplo, no sé el precio de las entradas, pero me parece una buena iniciativa la de Arde Bogotá de vender solo en físico. Para que se mantenga ese ecosistema de ir a comprarlas a la taquilla del sitio, y de paso vas a un bar donde ves el cartel de otro grupo. En este momento de tanta deshumanización, hay que volver a ciertas cosas que nos hacían humanos, y nos hacen tener contacto físico real, una conversación de tú a tú.
P. ¿Cuál ha sido la entrada más cara que has comprado para un concierto?
R. Seguramente lo más caro haya sido algún concierto del ciclo Noches del Botánico (Madrid). No creo que hayan superado los 90 euros. También depende un poco de la magnitud del evento. Si va a ser un show espectacular en el que participa un montón de gente, puede estar justificado, pero me cuesta entenderlo.
Víctor David López


