Lo primero que hace Edorta Arostegui al encontrarse con Social24Horas para esta entrevista es explicar el escenario: “Esto son los rebollos”, dice señalando los cantos rodados que forman el piso de la parte vieja de Portugalete. Allí sucedieron los hechos que encumbraron a su banda y allí mismo tiene lugar esta conversación. Porque esto ya no son tres o cuatro conciertos sueltos: The Flying Rebollos están de vuelta, ansiosos por la respuesta de los nuevos temas (tendremos que esperar a noviembre) y cómodos en su posición de grupo de culto.
Será su tercer larga duración, tras Verano de perros (1993) y Esto huele a pasta (1998). El vocalista, junto a Txus Alday (guitarra), Gorka Bringas (guitarra), Xabier Goikoetxea (bajo), Mario Larrinaga (teclados) y Koki Chamorro (batería) —Polako, primer batería, ahora es el mánager de Fito y Fitipaldis, y Miguel Colino, primer bajista, acabó en Extremoduro—, se reencuentra con Valladolid este viernes (Porta Caeli. Apertura de puertas a las 21:00).
PREGUNTA. Estamos en la parte vieja de Portugalete. ¿En qué rincones de fraguó la historia de los Flying Rebollos?
RESPUESTA. Fue por todas estas calles. Ahora mismo estamos en la parte baja, al lado de la ría, pero lo andábamos todo. Era una zona que en aquellos tiempos era un hervidero de gente, había un ambientazo tremendo. Era el único casco viejo que había en la zona, aparte del del Bilbao, había muchos bares y la gente venía a pasarlo bien. No estaba nada urbanizado. Estaba la estación vieja, aquí moría una vía de tren, había remolcadores abandonados. Música en la calle, pero de una manera espontánea. Era otro panorama. Ahora Portugalete es un sitio bonito, incluso recibe turistas, pero en aquel tiempo era un sitio muy underground. Los años ochenta fueron también época de drogas. Los rebollos era un lugar donde había tráfico. Era una amalgama en la que todos los grupos se llevaban bien: los punkies, los rockers, los mods…
P. Y un circuito de centros sociales okupados.
R. Gaztetxes. Se gestionaron un montón de lugares que estaban en desuso con el fin de darles un actividad cultural y social, y aquello fue evolucionando muchísimo, hasta el punto de encontrarte lugares como Kukutxa, que tenían muchísima más actividad que el propio Ayuntamiento. Nosotros, que no hacíamos rock radical vasco, nos sentíamos como en casa en todos estos sitios. Nos cuidaban muy bien.
P. Ya erais muy conocidos en la zona a principios de los noventa, y, aunque el primer disco tardó en llegar, el segundo ya fue con una compañía grande como Dro.
R. Hicimos una maqueta y vendimos 2.500, con la DDT/Likiniano, un colectivo libertario que todavía continúa en Bilbao. La grabamos en Lorentzo Records. Después hicimos un disco, en el que yo creo que nos precipitamos. Llegaba el verano y queríamos tenerlo para poder tocar.

P. El Verano de perros, claro.
R. Sí, el Verano de perros, que fue un disco que tenía un montón de canciones guapas, pero no teníamos mucha idea de cómo se trabajaba en un estudio. Hicimos lo que pudimos. En aquel tiempo estábamos muy desmadrados. El disco tuvo cierta repercusión. Luego para el segundo entramos en contacto con Dro, que más tarde sería fagocitada por Warner. Firmamos cinco discos con ellos, pero solo hicimos uno.
P. ¿Y eso por qué? ¿Aburrimiento, mucho desgaste, otros proyectos?
R. Llegó un momento en que [pausa larga]… Bueno, habría que analizar por qué paramos. No fue que nos enfadáramos entre nosotros ni mucho menos. Creo que yo no tenía claro que quería ser artista. Empezamos esto como una especie de gamberrismo. Lo de vivir de la música, que era un sueño, cuando lo alcanzamos dejó de seducirme.
P. Comprometerse para cinco discos es comprometerse para muchos años.
R. Ahora seríamos famosos [risas], pero eran unos años donde nosotros no teníamos muy claro por dónde íbamos a caminar en el show business. Todos seguimos haciendo cosas en el rock, pero los Flying en aquel momento se pararon.
P. ¿Cómo comenzó vuestra relación con Platero y Tú? ¿Cómo os conocisteis?
R. El Umore Ona, que es un garito que ya no existe, era el centro de reunión en Bilbao de muchísimas bandas de este tipo: estaban Los Sedientos, los Platero, M.C.D., Zer Bizio. Era un lugar estratégico en el casco viejo de Bilbao. Y luego estaba aquí en los rebollos El Bluesman, que era el garito que tenía yo, donde nos juntábamos los Flying. Por aquí pasaba también todo el mundo. Con Platero y Tú establecimos una relación de colegas, empezamos a ensayar en el mismo local y muchas veces tocábamos juntos en los conciertos.
P. ¿Y cómo te surge lo de acabar siendo road mánager de la otra gran banda de aquel momento: Extremoduro?
R. Platero empezó a tomar dos direcciones. Fito tenía muchas canciones que parece que no iban con la idea de Platero. En ese primer disco que graban Fito y Fitipaldis, A puerta cerrada, la banda que toca son los Flying, menos yo, claro. Por otro lado, Uoho empieza a establecer una relación de noviazgo o matrimonio con Robe, y comienzan a trabajar juntos, y es cuando hacen Agila. Los Flying ya se habían disuelto. Robe e Iñaki me proponen coordinar y ser su representante durante la gira de Yo, minoría absoluta.
P. Ni más ni menos.
R. Fue una experiencia fantástica, nos lo pasábamos de puta madre, vivimos momentos increíbles. Eran giras que empezaban a ser serias. Estuve también en la siguiente, pero llego un momento en el que me dije “esto no es lo mío”. Y lo dejé.
P. Eres entonces suficiente voz autorizada para ofrecer una opinión de esta situación personal complicada derivada de la gira de despedida cancelada de Extremoduro.
R. No tengo datos de lo que pasó entre Uoho y Robe, en cuanto a asuntos contractuales. Debió haber un desacuerdo entre los dos, pero ninguno de los dos me ha hablado nunca mal del otro.
P. ¿Cuál ha sido el punto clave para el regreso de The Flying Rebollos?
R. Pues fue un accidente, una broma. En un encuentro con Juantxu [Olano], el bajista de Platero, nos dijo que solo nos juntábamos cuando se moría alguno. Dijo ¿por qué no hacemos un concierto y llamamos a todas las bandas que andaban por ahí? Al final solo nos pudimos juntar La Gripe y Tú y nosotros. Llamamos a Polako pero no podía, así que se unió Koki a la batería. Fue una experiencia superbonita, en el Txiberri, en Urduliz. Sabíamos que teníamos el repertorio y que podíamos hacer alguna cosa más.
P. Pronto llegaron los nuevos temas. De momento dos sencillos de adelanto que estarán incluidos en el disco de regreso: Iosune y Ernesto y Me acuerdo del Li, un homenaje tan potente como hermoso. ¿Quién era Li?
R. Li (César) era un tipo de aquí [se gira y apunta con su dedo índice hacia una escalera de piedra, con aspecto de callejón, que une dos alturas del casco viejo], de los rebollos. Un colega dos años mayor que yo que tocó con nosotros en Los Narcóticos. Murió muy joven, con treinta y pocos. Un tío muy entrañable, muy sensible, con devoción por el rock and roll. Siempre con los Rolling Stones, con la Velvet Underground, con los hippies, los punks… Era la hostia.

P. ¿Qué le diría el Edorta de 2026 al Edorta de 1990, en lo referente a la música?
R. He tenido mis encontronazos con ese Edorta. El Edorta de después de dejar los Flying se enfadó con aquel. Ahora me he reconciliado. Ha habido replanteamientos nuevos. Lo hicimos todo con mucho cariño, a veces no con destreza y profesionalidad, porque no las teníamos, sino de manera muy visceral. Con veintitantos años tienes otras ganas de comerte el mundo. Ahora nos damos cuenta de las cosas y lo disfrutamos de forma nítida. La vida manda. Lo otro estuvo muy bien, pero esto está mejor.
P. Te has topado a lo largo de todos estos años con infinidad de artistas, así que vamos a hacer un juego rápido: lo primero que se te ocurra sobre Los Suaves.
R. Hubo un momento en que me encantaron. Esa canción de “ocho de la mañana, suena el despertador” me representaba totalmente porque estaba currando como un cabrón en Altos Hornos. Ese era yo, me llegaron al corazón.
P. Eskorbuto.
R. Andaban por los rebollos también. No me caían muy bien porque una novia mía iba con ellos. Con Pako, que es el que queda, me llevo muy bien.
P. Evaristo, de La Polla Records, decía que eran «peligrosos de verdad», que uno no los invitaría «a cenar a casa».
R. Creo que hay mucha leyenda en eso. No me parecía que fueran tan malos. Con las adicciones y tal, que te roben una guitarra pues… Y eso es lo que le pasó a Evaristo. Pero Iosu era un tío de puta madre, muy majo, le gustaban los Who.
P. Rosalía.
R. Me da buen rollo como persona, pero no la he escuchado.
P. Arde Bogotá.
R. Ni puta idea. He oído el nombre y sé que están teniendo un éxito de la hostia, pero no me he detenido a escuchar lo que hacen.
P. Rosendo Mercado.
R. Hace cuarenta años seguí a Leño en autoestop por varias ciudades, los seguí por todos lados.
P. Recta final. En esta época en la que están tan de moda las colaboraciones, ¿con quién te gustaría hacer una buena colaboración?
R. Con Josele Santiago.
P. ¿Con quién te horrorizaría?
R. Con Mago de Oz.
P. ¿Y en qué lugar, que no lo hayas hecho ya, te gustaría tocar?
R. En uno que ya está cerrado: el CBGB, donde tocaban los Ramones, en Bowery.
LVP y VDL

