Vivir observando continuamente. La realidad es un ejercicio que muchas veces requiere de una gran concentración pero, sobre todo, a mí me sale de una forma totalmente espontánea porque va intrínseco en mí… Y observo todo, desde cómo se dirige a mí una persona que hace bastante tiempo que no coincido con ella, hasta qué es lo que sueltan las personas que salen de trabajar y entran en el bar, pidiendo el primer aliviador de la mañana… De estas observaciones nace la inspiración, y también unas reflexiones, que casi nunca me dejan indiferente…
Los seres humanos somos muy abstractos, pero a su vez enormemente concretos… Hay cosas que seguramente las hemos hecho, porque las hemos aprendido y otras, simplemente, salen del inconsciente, esa instancia que, aunque no queramos, rige nuestras vidas más de lo que podemos pensar…
La forma de agruparse es algo que yo creo que tiene que ver con esta instancia social, aprendida y omnipresente que, sin pedir permiso, se cuela en cada una de estas decisiones… Me ha sucedido tantas veces aquello de estar en la terraza de un bar, o encontrarme con varias personas por la calle, o situaciones de este estilo, tan cotidianas como la vida misma, y mezclarse en esos encuentros hombres y mujeres y, al cabo de no más de dos minutos de estar hablando, ya están agrupados hombres con hombres y mujeres con mujeres… Sin que por supuesto, haya nadie que lo ordene, sino que sale espontáneamente hacerlo, como si ya fuese algo aprendido o instintivo, no lo sé… Ya sabéis, la capacidad de observar esa que siempre aparece, aunque yo no la busque…

