Potes es uno de esos pueblos que hay que visitar, al menos, una vez en la vida. Yo, personalmente, lo he visitado en numerosas ocasiones y he podido disfrutar de su entorno, sus calles, sus gentes y de agradables paseos a la orilla del río y degustado su excelente gastronomía.
Situado en el valle de Liébana y rodeado por un paisaje único, verde y montañoso, su cercanía a los Picos de Europa hace de Potes un lugar único y especial para visitar, ya sea solo, con amigos o en familia.

He viajado a Potes en varias ocasiones, tanto en moto como en coche ya que se encuentra a tan solo 2 horas y 30 minutos de León, en un viaje único rodeado de naturaleza, pasando por Riaño, Tierra de la Reina o el puerto de San Glorio que, además de unir León con Cantabria, ofrece unas vistas espectaculares.
Se trata, además, de uno de los pueblos más bonitos de España, y no me extraña porque, además del espectacular paisaje en el que le rodea, es un pueblo de interior con mucha historia y, ya en el año 1983, fue declarado Conjunto Histórico-Artístico.
Caminando por sus calles, uno de los sitios más fotografiados es el Puente de la Cárcel, situado en la confluencia de los ríos Quiviesa y Deva, junto a la Torre del Infantado. Está en pleno casco antiguo y nos ofrece unas magníficas vistas con las montañas de fondo, las casas montañesas de madera y piedra y el río, invitándonos a recorrer sus calles y conocer más de esta villa.

A nuestro paso por sus estrechas rúas, encontramos la zona de restaurantes y otros negocios de productos típicos, artesanía y recuerdos. Adentrándonos en su parte más antigua, Potes conserva sus casas típicas montañesas, caserones, calles empedradas y la vida cotidiana de sus habitantes, que te transportan al pasado y te empapan de su bella arquitectura y sus costumbres.


En el estilo arquitectónico de la villa destacan sus puentes medievales sobre el río Deva y sus afluentes, que ayudan a entender la identidad de la localidad desde su propio nombre, «Potes», relacionado con la confluencia de los tres ríos que cruzan la villa —Deva, Bullón y Quiviesa— y con los múltiples puentes que históricamente se construyeron para salvarlos.

Un paseo junto al río Deva nos descubre otro punto de vista de la localidad, disfrutando del sonido del agua y caminando por debajo de sus puentes. Además, nos permite contemplar uno de sus lugares más representativos: la Torre del Infantado, una torre del siglo XIV.

Entre piedras e historia, continuamos la visita por el patrimonio de la villa. La iglesia de San Vicente constituye una de las principales referencias del patrimonio religioso de Liébana, destacando por la combinación de elementos góticos, renacentistas y barrocos que reflejan las distintas etapas de su evolución constructiva. Junto a esta iglesia encontramos la ermita de San Cayetano, el antiguo convento de San Raimundo y la Torre de Bedoya que forman parte del valioso entramado arquitectónico de la villa, un conjunto patrimonial que permite descubrir la memoria histórica de Potes a través de sus edificios, sus usos y las huellas de su pasado.

Para finalizar hablaremos de su gastronomía donde sus quesos tienen un lugar de honor y llenan de aroma tiendas y restaurantes. Pero, si un plato destaca especialmente en estos lares, ese es el cocido lebaniego. Su origen nace como una receta de aprovechamiento y supervivencia para los campesinos de la zona, siendo un plato muy calórico y nutritivo, ideal para combatir el duro clima y reponer fuerzas tras largas jornadas de trabajo.

Potes es uno de esos lugares a los que siempre apetece volver. Su historia, sus paisajes, sus calles llenas de encanto y su gastronomía hacen que cada visita tenga algo de especial. Ya sea que se venga da paso por ser puerta de entrada a los Picos de Europa o como destino en sí mismo, esta villa lebaniega conserva la esencia de los pueblos que dejan huella. Y, aunque yo ya la he visitado en varias ocasiones, estoy seguro de que volveré a recorrer sus calles y a disfrutar de todo lo que tiene que ofrecer.





