El viaje continúa y hoy conocemos Alcañices, una localidad situada en la comarca de Aliste, muy cerca de la frontera con Portugal. Esta posición fronteriza ha influido históricamente en su cultura, sus tradiciones y su forma de vida, generando una conexión natural entre ambos países.

Es un pueblo con una belleza y entorno únicos, donde se puede disfrutar de la naturaleza, la historia, la arquitectura, sus fuentes, sus numerosas rutas de senderismo, trail y BTT, además de su gastronomía. Para mí es un lugar especial, ya que es donde nací y donde encuentro el espacio necesario para desconectar, volver a lo esencial y disfrutar de la calma. Al llegar a Alcañices destaca su entorno, rodeado de paisajes de gran riqueza natural: praderas verdes, bosques de robles, encinares y pinares.

A la entrada del pueblo, casi como una bienvenida, nos encontramos con la Torre del Reloj de Alcañices, ubicada en el centro de la villa. Es uno de sus símbolos más reconocibles y forma parte de uno de los cuatro cubos que se conservan de la antigua muralla que cercaba la localidad. Recibe este nombre por su altura y porque en ella se instaló el reloj del pueblo, cuyo mecanismo data del siglo XIX.
Como dice un dicho popular de la villa:
“Si pasas por Alcañices, no preguntes qué hora es,
porque el reloj de la plaza da la una y son las tres”.

Continuando nuestro paseo por la villa encontramos dos importantes edificios religiosos. Por un lado, el Convento de San Francisco de Alcañices, antiguo monasterio franciscano del siglo XVI. Destaca su iglesia de estilo gótico-renacentista y el santuario de la Virgen de la Salud, patrona de la comarca de Aliste, cuya romería internacional se celebra cada 3 de julio y reúne a las gentes de ambos lados de la raya, uniendo así a españoles y portugueses. Parte de este conjunto ha sido convertido hoy en Centro Cultural y Oficina de Turismo. Por otro lado, muy cerca de la Torre del Reloj, se encuentra la iglesia parroquial, construida sobre una iglesia románica anterior de los siglos XII o XIII.
Cabe mencionar, también, un importante hecho histórico: en Alcañices se firmó, en el año 1297, el llamado Tratado de Alcañices, acuerdo entre Fernando IV de Castilla y Dionisio I de Portugal mediante el cual se delimitaba la frontera entre ambos territorios, dando lugar a la que se considera la frontera más antigua de Europa. Actualmente, en Alcañices no existe ningún espacio interpretativo que explique la relevancia del tratado ni el contexto histórico en el que se firmó.
Como ya adelantaba al principio, Alcañices es un lugar ideal para disfrutar de la naturaleza. Por ello voy a hablaros de una de sus rutas más destacadas, mi preferida y también la de muchos habitantes del pueblo. Sin olvidar otros lugares como el monte de Sahú o la piscina natural de Palazuelo, dos espacios perfectos para disfrutar en familia, hacer picnic y, en el caso de esta última, refrescarse durante el verano.
La Ruta Verde del río Angueira, también conocida como la Ruta del Contrabando y el Estraperlo, es un recorrido de 13 kilómetros ida y vuelta que une la villa de Alcañices con la aldea portuguesa de São Martinho de Angueira. Se trata de la primera vía de senderismo entre España y Portugal homologada a nivel internacional. Hasta llegar al inicio de la ruta podemos disfrutar de los cubos de Alcañices, restos de la antigua muralla, además de sus fuentes y de una de las zonas verdes más conocidas por los vecinos: la ribera de Alcañices, conocida popularmente como “el Cañico”.

La ruta transcurre junto al río Angueira y atraviesa senderos llenos de vegetación y paredes rocosas. El camino asciende entre pinares por una pista forestal hasta llegar a la frontera con Portugal. Ya, en territorio portugués, el recorrido desciende entre bosques de ribera, huertas y fuentes naturales. En São Martinho de Angueira, antes de regresar, se puede disfrutar de su piscina natural y del bar situado en su agradable área recreativa.

Para finalizar, toca hablar de la gastronomía. La comarca de Aliste destaca por sus productos de gran calidad, siendo la Ternera de Aliste uno de los más conocidos, que puede degustarse en diferentes restaurantes tanto en Alcañices como en localidades cercanas como Rabanales, Grisuela o San Vitero. Y, por supuesto, no podemos olvidarnos del dulce típico de la villa, los famosos “borrachos de Alcañices” que, junto a un merecido refrigerio son el colofón ideal para este viaje por tierras zamoranas.




