En su casa le enseñaron a no tener prejuicios, a tirarse a la piscina. Manejaron su sensibilidad e inseguridad con delicadeza. Le hicieron escuchar su voz interior. Soleá tenía la pasión dentro: solo necesitaba herramientas para desarrollarla.
Hace quince años, Jota, Florent Muñoz, Eric Jiménez y Antonio Arias, de Los Planetas y Lagartija Nick, formaron Los Evangelistas y la fueron a buscar para participar en el disco Homenaje a Enrique Morente, su padre. Aquello que surgió entonces ya nada lo pudo parar.
Intentando escapar siempre de sí misma, hoy Soleá Morente firma trabajos como Sirio B, mano a mano con Guille Milkyway. Puedes tratar de seguirle la pista, pero cuando crees que la has alcanzado, ella ya se ha ido a otra parte. Social24Horas conversa con la artista granadina (nacida en Madrid) en la víspera de su concierto en el Patio de la Hospedería dentro del ciclo Música con Equis (miércoles 22, 21:30, XXV aniversario de Xtrañas Producciones).
PREGUNTA. ¿Tú ya escuchabas a Guille Milkyway antes de conocerlo en persona, verdad?
RESPUESTA. Sí, sí, yo era fan de La Casa Azul desde que era jovencita, y me llamaba mucho la atención la música que hacían, las letras, las cadencias, las melodías, las texturas… todo. Me encantaba. De hecho, cuando escuché la rumba de la película Yo también algo en mí se encendió. Fue un chispazo. Iba en el coche con mis padres, es un trayecto Madrid-Granada, y de repente me saltó en los cascos. Me dije cómo me gustaría algún día hacer algo así.
P. O sea que fue una inspiración real, y muy grande.
R. Totalmente. Ahí se reunían muchas de las cosas con las que me siento identificada y que me representan: la rumba, la rumba catalana, toda esa música de Los Amaya, y luego toda esa psicodelia electrónica futurista tan personal de las producciones de Guille, y la manera de escribir, que siempre me ha gustado mucho. Luego coincidimos en Elefant Records, éramos compañeros de sello.
P. ¿Te acuerdas del día que os conocisteis?
R. La primera vez fue a través de un Zoom. Luis Calvo, de Elefant Records, nos puso en contacto. Yo estaba superinquieta, supernerviosa, me imponía un montón. Ahí surgió esta oportunidad maravillosa de hacer un disco con él. Después ya fui a San Cugat, a Barcelona. Guille es un amor, supercercano, amable, y una persona con un talento infinito.
P. Sirio B es una sucesión de sobresaltos. En el medio del camino, por ejemplo, deslumbra de pronto una referencia al brasileño Tim Maia, uno de los máximos exponentes del soul y del funk latinoamericanos.
R. Me encanta Tim Maia. Me fascina su música, su actitud, su visión del mundo, su compromiso con la vida, con la verdad, su posicionamiento acerca de la libertad. Nos apetecía mucho citarlo en la canción Soleá del Mar, que es un alegato en contra de cómo funciona hoy en día el mundo, que va a peor. Es difícil sobrevivir y posicionarte con valores. Por eso lo de “no quiero dinero, solo quiero amar”.
P. ¿Cómo se lleva todo este sonido de Sirio B al directo? ¿Qué es lo que se va a encontrar el público que vaya a verte este miércoles?
R. Voy con una formación bastante especial y peculiar. Me acompañan dos músicos maravillosos: Gonzalo Navarro, guitarra flamenca y eléctrica, onubense; y Víctor Cabezuelo, de Rufus T. Firefly, en la parte electrónica, teclado y guitarra. No es la banda al completo, será algo más íntimo.
P. El disco significa, además, una nueva vuelta de tuerca, porque para el periodismo siempre es sencillo y práctico colocar etiquetas de estilos musicales, para situarse y también para que el público se sitúe, y contigo esa tarea es prácticamente imposible. ¿Eso es bueno?
R. Venga, vamos a decir que sí [se ríe]. Si me tuviese que poner una etiqueta sería la de investigadora, exploradora, algo que tenga que ver con la experimentación. Viniendo del flamenco, como vengo, no paro de investigar, de aprender, de leer, de escuchar y de imaginar futuros posibles. ¿Qué pasaría si mezclo mi música con Clarice Lispector, que la estoy leyendo ahora? En el próximo disco, que sale después de verano, me ha inspirado mucho su literatura. O referencias como Röyksopp, David Bazan, Pedro The Lion o el cancionero popular de Rodríguez Marín.
P. Echando la vista atrás hacia un momento crucial para tu familia: ¿tú te imaginabas todo lo que iba a generar, cuando se publicó, el disco Omega [Enrique Morente + Lagartija Nick]?
R. La verdad es que no. Yo era una niña, tenía diez años. Sabía que algo estaba pasando en casa. Mi padre nos llevaba a hacer coros a Estrella, a Kiki y a mí. Le gustaba que lo viviésemos con él. Y lo vivimos tanto que los tres nos dedicamos a lo que nos dedicamos, sin vuelta atrás. Con los años vas flipando cada vez más con el disco Omega.
P. Es que es exactamente eso: cada vez más.
R. Nos sigue sorprendiendo, nos sigue enseñando, es una fuente y un manantial de inspiración continua.
P. Muy importante también desde lo personal, porque lo hizo con amigos suyos que han pasado a ser amigos tuyos.
R. Por supuesto. Es verdad que hemos heredado cosas muy bonitas y muy importantes de nuestro padre: y una de ellas son las amistades tan puras que mantenía con compañeros, con compañeras, gente con la que luego hemos seguido nosotros el camino de la música y de la vida.
Víctor David López

