Soy de leer muchas columnas, no solo de escribirlas. De hecho, creo que con cada una que leo me inspiro para a su vez crear yo otra. Estos días he estado investigando mucho sobre la muerte, que, dicho sea de paso, no es un tema especialmente agradable para mí. Muchas veces he tenido ansiedad por el solo hecho de pensar en cómo será esto, si habrá o no habrá algo más allá, o incluso si cuando me llegue será algo doloroso o simplemente no me enteraré…
No sé si el hecho de conocer lo que habrá más allá, en el supuesto caso de que lo haya, nos serviría para vivir intensamente, o, por otro lado, nos haría temer cada instante. Imaginad que fuese cierto aquello de que hay otro mundo ideal, un cielo que para mí sería un gigantesco centro comercial: eso implicaría que no viviese muy intensamente, porque, total, ya está la otra vida para disfrutar con plenitud.
Por otro lado, supongamos que lo que hay en el más allá sea horrendo, algo inmundo, algo que no nos hiciese disfrutar. Pues esta vida la viviríamos con tanta intensidad que olvidaríamos alguno de sus matices, y estaríamos en un continuo hedonismo.
Así pues, que el misterio se mantenga. Creo que hasta en eso somos perfectos.




