El sector apícola de Valladolid se enfrenta al impacto del cambio climático. La Asociación Vallisoletana de Apicultores apuesta por una producción sostenible, que interactúa con el medioambiente y, por ello, todo lo que en él ocurre, le afecta. Las altas temperaturas y la falta de lluvia durante el verano queman las flores y obliga a las abejas a tirar de las reservas. Repercutiendo, a su vez, en una baja producción de miel y un debilitamiento de las colmenas. Un problema importante para el sector y para el entorno donde se desarrolla, que pone sobre la mesa Benito Gozalo, presidente de la organización.
Estas consecuencias no solo las sufren los productores, si no el medioambiente. La polinización que realizan las abejas -al transportar el polen de flor en flor en la búsqueda del alimento para las colmenas- es fundamental para la biodiversidad, y para que haya vida. Esas plantas melíferas no solo pueden morir por el calor, también por un uso abusivo de los fitosanitarios que se usan en la agricultura intensiva.
Ante un entorno más hostil, Gozalo defiende la importancia de trabajar con la abeja negra ibérica, una raza autóctona adaptada al medio y a la flora. “Introducir otras especies deteriora la genética autóctona y genera enfermedades”, advierte el presidente de la asociación.
Sin embargo, la principal enemiga de la apicultura continúa siendo la varroa. Se trata de un ácaro procedente de Asia que se reproduce dentro de las celdillas donde la abeja cría y colapsa la colmena. “Cuanto mayor es el número de crías, mayor es la infestación”, apunta Gozalo. Desde la Asociación de Apicultores Vallisoletanos apuestan por el tratamiento ecológico con ácido oxálico para combatir la varrosis, evitando así que se contamine la miel.
Más allá del clima, las enfermedades, o la llegada paulatina de la avispa velutina -que caza abejas para alimentar a sus crías-, Benito Gozalo pone sobre la mesa que las decisiones políticas también condicionan al sector de la apicultura. El acuerdo de Europa con Mercosur fomenta la comercialización de “pseudomieles”, fabricadas a base de mezclar jarabes o glucosa; en detrimento de proteger la miel cruda de calidad europea, que mantiene los aportes y beneficios para la salud intactos.
En este sentido, destaca la calidad mielera de la provincia de Valladolid. Elaboradores como Pecorea, 79, El Tío Melitón, Zumbando o Mielegante, entre otros, han visto como sus mieles son reconocidas por su excelencia con premios internacionales. Benito destaca que una buena miel tiene que ser cruda y se percibe en que está cristalizada, o batida; pero nunca ha pasado por un proceso de pasteurización o microfiltrado, como las que venden en las grandes superficies.

Se limita la venta directa por Decreto
Si nos ceñimos al ámbito legal de la venta directa de la miel y otros productos apícolas en Castilla y León, recientemente se ha publicado el Decreto 1/2026, encargado de regular los circuitos cortos de comercialización de pequeñas cantidades de productos agroalimentarios. Tiene como objetivo facilitar a los productores primarios, como los apicultores, la venta de sus productos directamente al consumidor final o a través de un único intermediario minorista, mediante canales alternativos.
De esta forma, actualmente, se recoge el límite de venta anual de miel en 2.500 kg, 10 kg de jalea real, 450 kg de polen y 30 kg de propóleo. En opinión de la Asociación Vallisoletana de Apicultores, esta cantidad de venta es limitada si se quiere desarrollar una actividad profesional que permita vivir de la apicultura.
“Para generar un sueldo digno se tendría que recolectar la producción de 300 colmenas, que sumarían 5.000 kg, a un precio de venta de 12 euros el kilo que permita cubrir los gastos”, argumenta Gozalo. Ahora la norma recoge que lo que se produzca a partir de 2.500 kg se tiene que vender a granel. “Te están obligando a comercializar a los grandes envasadores, bajando los precios hasta el punto de que no cubran los costes de producción”, advierte.

La Asociación ofrece facilidades
Son muchas las trabas a las que se enfrenta el sector. Tanto en el marco regulatorio europeo y autonómico; como a nivel medioambiental, con el cambio climático y las enfermedades. Sin embargo, la Asociación Vallisoletana de Apicultores se resiste a tirar la toalla y apuesta, pese al esfuerzo que requiere, porque la apicultura siga siendo un medio para ganarse la vida. Desde la entidad, se ofrece ventajas a los asociados -aficionados y profesionales- facilitándoles el préstamo de infraestructura, generando compras conjuntas, o creando una comunidad donde compartir las mismas inquietudes y preocupaciones.
Recientemente, se ha creado la Federación de Asociaciones Apícolas de Castilla y León (Fasapicyl), la organización con más colmenas de toda la comunidad. “Esta entidad es muy importante para tener una voz que sea referencia ante la administración”, concluye Gozalo.
S.F.L.


