Hoy, miércoles 2 de septiembre, es el día de Ceuta, y múltiples ayuntamientos gobernados por el PP y Vox han convocado concentraciones en apoyo al pueblo ceutí en algunas de las principales ciudades del estado español. El lema común que proclaman, el “apoyo a Ceuta”. Mientras tanto, diversos colectivos, organizaciones políticas y sindicatos independientes han convocado otra serie de movilizaciones reivindicando “pararle los pies al racismo”. Diferentes formas de entender la crisis migratoria y sus causas que conducen a diferentes sujetos a los que responsabilizar y, por lo tanto, señalar como culpables. El objetivo de este artículo es explicar la diferencia de fondo entre ambos puntos de vista y la necesidad urgente de las segundas ante una crisis social y humanitaria como la que vivimos.
Empecemos por el principio: las causas de esta oleada migratoria sin precedentes. Hasta el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, reconocía sin avergonzarse en sus declaraciones una dura realidad: la abrumadora brecha socioeconómica a los dos lados de la frontera de Ceuta. A un lado, el PIB per cápita ronda los 23.000 euros anuales, al otro, la cifra desciende hasta los 4.000-5.000.
Por supuesto, esta diferencia no es casual. Es cierto que el dominio político directo sobre los países africanos, propio de la era colonial, acabó hace varias décadas. Sin embargo, este no fue sino sustituido por el férreo control de las fronteras con las viejas metrópolis, la extracción descarada de sus recursos naturales, la explotación de sus trabajadores por el capital extranjero y la sumisión política y militar de las potencias europeas. Aquí encontramos a los primeros responsables que queremos señalar: la oligarquía europea que se beneficia sistemáticamente de la explotación del proletariado marroquí y unas instituciones políticas (la UE y el estado español) que militarizan sus fronteras para garantizar, mantener, perpetuar este dominio.
Una clase trabajadora marroquí que sí, es víctima de un papel subordinado en la división internacional del trabajo, pero cuya situación se ve agravada por la convivencia forzosa con un régimen corrupto, violento y autoritario como el de Mohammed VI. Si la posición de la oligarquía marroquí en el orden internacional es relativamente débil, aún más débil es la del proletariado que sufre ese régimen.
En las últimas semanas ha sido habitual incluso poner esta realidad en duda con lindezas como que “tan pobres no serán en Marruecos si están construyendo el estadio de fútbol más grande del mundo para el mundial 2030”. Lo rastrero de esta afirmación, sobre un estado con una tasa de paro juvenil cercana al 40%, igual es más evidente para los nacionalistas y chovinistas de turno si hacemos la analogía con el caso español. Afirmar esto es como decir que “en Castilla y León no hay un problema con la despoblación porque el Sonorama estaba a rebosar” o que “en Barcelona no hay un problema con la vivienda porque Lamine Yamal es candidato al Balón de Oro”. Confundir los beneficios de la burguesía marroquí con la calidad de vida la clase trabajadora demuestra mucha mezquindad o, directamente, tener muy pocas luces.
Por este motivo, señalamos a los segundos responsables: la oligarquía marroquí y sus políticos corruptos que mantienen al pueblo en una situación de miseria. Sin embargo, estas fronteras no son nuevas. El estadillo llega tras un momento de tensión entre el gobierno del estado español y uno de los principales aliados de Marruecos, el gobierno de Donald Trump. El gobierno marroquí, en colaboración con EEUU, no ha tenido reparo en utilizar la desesperación de su población (especialmente la más joven) para apuntar hacia el Gobierno del estado español, díscolo con la administración Trump, y a la Unión Europea para utilizar la inmigración como punta de lanza que justifique la necesidad de implantar nuevos gobiernos neofascistas alineados con Washington. Este reclamo ha sido aprovechado tanto por la derecha española institucional como por diversos grupos y organizaciones fascistas, que han cargado contra los migrantes desde los medios de comunicación, primero, y con pogromos racistas en los casos más extremos.
Aquí tenemos a los terceros responsables que señalamos: el eje fascista internacional que provoca y aprovecha la crisis migratoria para ganar posiciones. Los ceutíes, mientras, sufren las consecuencias de este caos, viendo como su ciudad se convierte en el escenario de un campo de batalla con servicios de salud colapsados, grupos fascistas campando a sus anchas y una campaña política constante para aprovecharse de su situación.
Finalmente, debemos señalar la inoperancia del gobierno progresista que no solo es incapaz de señalar a Marruecos y EEUU como responsables de la crisis, sino que además defiende la postura chovinista de la defensa nacional frente al invasor marroquí, obviando totalmente las causas de fondo del conflicto e impidiendo por tanto articular una respuesta coherente y firme, dando alas a la reacción para extender su mensaje de odio. Estos son los cuartos responsables de esta crisis a los que podemos señalar.
Por eso nos movilizaremos hoy miércoles 2 de septiembre para “pararle los pies al racismo”. Porque ante una oleada de las ideas reaccionarias y fascistas como la que vivimos, es crucial que la clase trabajadora no se equivoque de enemigos.
Coordinadora Juvenil Socialista

