Algunos de los momentos más tensos del cine español en lo que va de década (eso se lo debemos) tienen como protagonista a Luis Zahera y como escenario una taberna de la Galicia profunda: As bestas (Rodrigo Sorogoyen, 2022) fue la película que le terminó por consagrar, y le guio hacia su segundo premio Goya. Ahora que se lo rifan, transitando por su mayor momento de popularidad, el actor compostelano recupera el monólogo que lo acompaña desde hace años, y que le hizo propulsarse de los bares de su tierra a los mejores teatros del país.
Zahera llenó el Carrión dos veces el pasado fin de semana a su paso por Valladolid, y lo hizo contando y analizando en profundidad algunos detalles de su biografía, la de un cómico que se volvió malo. El espectáculo en solitario se llama Chungo, y con eso está casi todo dicho. ¿Por qué le pasó eso?
Sobre las tablas, en un montaje absolutamente minimalista, Zahera se presenta sin trampa ni cartón, y sin red. Fiel a su fama, abronca al público porque aplaude y porque se ríe a destiempo, mientras va recreando su vida, desde la más chunga infancia, en episodios a veces encadenados y en ocasiones inconexos. Abruma y maneja el tempo, y eso hace que una hora y media pase rápido y, en realidad, solo lleve al espectador a dar vueltas al círculo, pero de carcajada en carcajada.
“Todos tenemos un monólogo dentro”: ese es su lema. El caso es saber contarlo. Lo difícil es tener la capacidad de recitar una inocente lista de la compra y solo con eso acojonar a cualquiera. Zahera lo consigue, por eso llena teatros de gente que se divierte redescubriendo de cerca su lado más cómico. “Hay que ver”, le decía su madre (que en paz descanse), “lo bien que haces el tonto”. Con eso, que le pasa desde que era crío, también está casi todo dicho.
VDL




