“No tenemos mucho presupuesto”, reconocieron desde la asociación cultural Vacceo Rock cuando negociaban con Lujuria para la segunda edición de su Fiesta de Primavera, en San Miguel del Pino. “Y a mí qué cojones me importa eso”, respondió Jesús Sanz, “Chepas”, guitarrista de la banda.
Su mentalidad siempre fue que “esto son los festivales que hay que apoyar”, por eso Chepas quiso que estuvieran en esta localidad vallisoletana de 365 habitantes, y por eso el pasado sábado, mes y medio después de que Chepas se fuera “al cielo del heavy metal”, el incombustible vocalista segoviano Óscar Sancho, micro en mano, cargó (se quedó muy a gusto, la verdad) contra el dominio de compañías como Ticketmaster o de fondos de inversión que apoyan el genocidio contra el pueblo palestino.
Ozzy Osbourne (Black Sabbath) y Lemmy Kilmister (Motörhead) sabían que allí arriba necesitaban un guitarrista, dijo su inseparable compañero nada más arrancar un concierto (con el tema Escuadrón 69) doloroso y memorable: el primero sin Chepas. Sancho reconoció que lo que menos le apetecía era haber viajado hasta allí y estar sobre ese escenario. Confesó que les había costado mucho mentalizarse y prepararlo. Iban al estudio, sí, pero no conseguían ensayar. “Todavía están allí su guitarra, su ampli y sus cosas”. Jesús Sanz es, según palabras del cantante, “el único guitarrista capaz de mirarle a la cara a Keith Richards” (tronó más que nunca Viejo rockero). A Chepas le hubiera gustado que todo siguiera su curso, y en ello están.
Al llegar a San Miguel del Pino, los miembros de la asociación Vacceo Rock les entregaron una lona de gran formato con la icónica imagen de Chepas, que presidió el show (de hora y tres cuartos de duración) colgada tras la batería de Maikel. En otro improvisado gesto, una botella de whisky que comenzó bebiendo a gallete el vocalista acabó entre el público de mano en mano en honor al guitarrista. El contenido de la botella duró lo que dura una canción, y regresó al escenario completamente vacía.
Aunque les ardió y les angustió el dar el paso de actuar este pasado sábado, se notaba que todos (Kike Sanz es ahora el único guitarrista, Santi Hernández está en el bajo y Ricardo Mínguez en el teclado) estaban cómodos ante el ambiente que encontraron en San Miguel del Pino, arropados por el público de la II Fiesta de Primavera Vacceo Rock. Y resulta que Óscar Sancho, como no tardó en señalar, cuando está cómodo habla mucho. No dejó títere con cabeza: atizó a la Iglesia católica, a Isabel Díaz-Ayuso, al reguetón, A Trump y hasta al sistema educativo (él es profesor), que no cuenta la rebelión de los comuneros. Lujuria, queridísimos en todo el país por su fuerte compromiso social, tuvo tiempo también para recordar toda su labor de apoyo a fundaciones como Aspaym.
Y así fue como la asociación cultural Vacceo Rock se hizo un huequito en la historia del heavy metal español, con esta trágicamente casual primera actuación de Lujuria sin Chepas, en una noche de atronador homenaje. El trabajo coral de los anfitriones fue gigantesco durante toda la jornada del Día Mundial del Heavy Metal (16 de mayo): para asegurar el avituallamiento, a las nueve ya llevaban seiscientos huevos fritos, unos cien por hora, y otros tantos bocadillos de lomo y panceta (por la tarde actuaron Salduie, Hijos del Tercer Acorde y Delirio: todo con entrada libre).

Al término del concierto, tras tres canciones en los bises (una de ellas, claro, Corazón de heavy metal), mientras firmaba autógrafos desde el mismo escenario o al pie de la escalera, Óscar cargaba con su chupa de cuero, con su cachi y con un retrato en cartón pluma de Chepas, que también le había regalado la organización del festival. Inseparables de verdad.
Acababa de anunciar que Lujuria no se detiene. Parece que él también tiene pensado morir con las botas y las muñequeras puestas, igual que su amigo del alma: defendiendo el rock, y la honestidad y el efecto sanador del heavy metal. Joda a quien joda.
VDL y LVP




