Desde que Arizona Baby lanzara su primer trabajo en 2005, el LP autoeditado Songs to Sing Along, fueron frecuentes sus visitas a la capital de España. Una de sus puestas en escena más recordadas, antes del petardazo del segundo disco, Second to None, fue su actuación abriendo el show para el grupo sueco Diamond Dogs en la sala El Sol en febrero de 2009.
Han pasado dos décadas y algunos recuerdos se van nublando, así que Social24Horas hace memoria con Javier Vielba, a pocas horas del concierto que la banda (Vielba, Rubén Marrón y Guille Aragón) ofrece este jueves 14 de marzo en ese mismo escenario del centro de Madrid.
PREGUNTA. ¿Cómo cerrabais los conciertos en aquella primera etapa? Y, en concreto, ¿cómo se cerró esa actuación con Diamond Dogs?
RESPUESTA (JAVIER VIELBA). Lo cerré yo, porque todavía no teníamos mánager. Era yo el que hacía de mánager del grupo. Era la época del Myspace, red social que para la música estuvo muy bien. Funcionaba guay, a mí me encantaba el Myspace. Igual que hay gente que es nostálgica del Fotolog, yo soy nostálgico del Myspace. Nos lo currábamos mogollón, lo teníamos superguapo. De hecho nos dieron el Premio Myspace desde la Unión Fonográfica Independiente, y fuimos portada de Myspace. Creo que eso influyó mucho en que nos fichase Subterfuge. Teníamos mogollón de contacto con mucha gente. Estoy casi seguro que tuvo que ser que a través de Myspace hablaría con alguien de la promotora que traía a los Diamond Dogs.
P. Para situarnos, hacía tres años y pico que habíais lanzado el primer disco, Songs to Sing Along, autoeditado. Y a finales de 2009 llegaría el segundo. ¿Qué recuerdas de aquella actuación en la sala El Sol?
R. Ya tocábamos muchas canciones de lo que sería el segundo disco. Recuerdo sobre todo que nos pareció la hostia tocar allí, decir “esto es mítico”. Diamond Dogs era un grupo que conocíamos de las revistas, de Ruta 66, Popular 1. Típico grupo que conoces y que te mola. Estar allí con ellos, que iban un poco a su bola, nosotros a la nuestra. Lo típico, buen rollete, “hey, tío, qué tal, todo guay”, y ya está. Recuerdo que estaba de técnico José Lanot, que fue uno de los primeros guitarristas de Sex Museum. Nosotros no éramos nada conocidos, y en la prueba de sonido él nos llamaba por el nombre y se sabía el título de nuestras canciones, nos las iba pidiendo para que probar el sonido. Superamable, y nos hizo sonar fenomenal. Se notaba que había estado bicheando y había tomado buena nota. Nos sentimos como un grupo profesional, casi como estrellas.
P. Ya teníais una pequeña andadura, pero lógicamente ese día la mayoría de la gente iría a ver a la banda principal. ¿Cómo eran las caras del público? ¿Gustó la propuesta de Arizona Baby?
R. Sí, además en aquella época había una peña que tenía una cosa que se llamaba Mordor Sonoro (en vez de MondoSonoro, Mordor Sonoro), con un programa en Radio Vallekas y un fanzine digital, eran una gente superenrollada: desde que nos descubrieron, les flipamos. Sin conocernos casi nadie, ellos nos apoyaban a saco. Nos llevaron a una de las cosas que hacían ellos que se llamaba Unplugged en el Barrio, que era en el piso de uno de ellos: te grababan en vídeo y en audio. Nos llevaron a la emisora varias veces y venían a todos los conciertos. Venían ellos y arrastraban a peña, a gente de Vallecas.
P. En Madrid ya habíais tocado unas cuantas veces por aquel entonces.
R. Al principio en El Perro de la Parte de Atrás del Coche, en la Honky Tonk, en la Taboo (Malasaña), y luego ya vendría la Moby Dick. Y en la misma sala El Sol yo mismo monté una movida para Spinner. Al venirme de Londres de vuelta a España, me vine con un trabajo. Con un teletrabajo.
P. Pionero del teletrabajo.
R. Ya te digo. Era el redactor jede de rock de Spinner, la división musical de AOL (America Online). Llevaba eso para el público hispanohablante, especialmente enfocado a Hispanoamérica. Se curraba todo por email, te pagaban por piezas. Mis jefas, que estaban en Londres, me pidieron hacer algo guapo en Madrid. A mí el trabajo de Spinner también me servía para hacer contactos para mi grupo de música, claro. Estuve en un montón de conciertos en Madrid acreditado, entrevistando a gente. Me moló mucho porque cogí bastantes tablas y conocí más flancos del negocio. En Spinner coordinaron una fecha en la sala El Sol y yo me encargué de la producción. Me dijeron que metiera a mi grupo y a otros dos. Seleccioné a Idealipsticks. Ya nos conocíamos pero ahí nos hicimos amigos. El batería y el guitarrista ahora están, desde hace muchos años, con Ángel Stanich. Ahí empezó una relación de amigos que he seguido manteniendo en mi entorno musical.
P. Dos décadas después volvéis a la sala El Sol, ya con otro estatus. ¿Os imaginabais eso aquella noche con los Diamond Dogs?
R. Pues sí y no. Creo que cuando fuimos allí a tocar, no, porque no sabes lo que va a deparar el futuro. Pero sí porque no nos pareció esto de decir “bueno, pues ya, hemos llegado hasta aquí, hemos tocado aquí, conseguido”. No. Fue como decir “qué guay, iniciar una relación con este lugar”. Yo he seguido yendo por múltiples motivos: a ver otros espectáculos, a ver a otros colegas que tocan, he tocado yo luego con El Meister varias veces. “Bestiario” lo presenté allí, por ejemplo. Había ganas de volver a hacer ese binomio Arizona Baby- El Sol. Hace muchos años que no vamos como Arizona Baby pero nunca hemos perdido la relación.
P. Sois como de la familia ya.
R. Todos te conocen, te tienen ya fichado: los porteros, los camareros, los del sonido, Una persona que se me viene a la cabeza es Marcela [San Martín], un encanto y una gran profesional programando. Luego montó Mujeres en la Industria de la Música (MIM), con Raquel Collar, de Gibson, que también nos ayudó muchísimo. Y también había otro sonidista, aparte de José Lanot, que era Willy Vijande, bajista de Ilegales. Muy buena relación con él, siempre muy buen rollo, pero Willy Vijande tiene mucho carácter, es un tío duro. A veces daba miedo pedirle que te pusiese un cable o te subiese o bajase el volumen, te daba palo. Estabas acojonado.
Víctor David López




