Soy escritora y eso me parece ideal para poder comunicar, tanto vivencias, como sentimientos y otras reflexiones que creo que, a menudo, vienen bien en una sociedad que vive en piloto automático. De ahí emanan muchas de mis filosofías, que si bien no están publicadas en ningún manual específico, son las que rigen un poco mi forma de vida, y mi estilo en general.
Creo que, desde tiempos inmemoriales, la humanidad a romantizado demasiado la idea de compartir la vida con otra persona… No solamente el mero apareamiento que ese,, sin duda es necesario para la supervivencia de la especie, sino esa idea de que solos estamos incompletos. La necesidad de un vínculo afectivo, más allá del que a todos nos proporcionan, o a casi todos, nuestros seres queridos o nuestros amigos, que al final es la familia elegida. Lo que yo planteo es esa idea, que a la gente le suele chirriar, de que existamos personas que podemos disfrutar en plenitud sin tener a nadie al lado. Y creo que a estas alturas ya se sabe perfectamente por dónde voy pues, como se suele decir, a buen entendedor pocas palabras le hacen falta.
No voy a negar que todas las frases de mi media naranja, mi mitad, etc. etc., me parecen tan absurdas como excluyentes. Que yo sepa, a este mundo venimos todos enteros, y no somos lo que somos porque compartamos la vida con otra persona que, como bien aludo en el título, al igual que nosotros mismos ellos también tienen sus mochilas vitales. Al final estar en pareja, llámese de la forma que se llame, es lo que es, una experiencia compartida que en muchas ocasiones, más de las que se suele contar, conlleva también aceptar inconscientemente que con quien estás también proyecta en ti lo que es.
Sentirse realizado por uno mismo, lo que viene siendo amor propio sin caer en narcisismos estúpidos, es para mí lo deseable. Porque nadie te va a dar lo que a ti te falta.




