Una cuidada selección de la escena musical pucelana, convocada por el Foro de la Cultura, se reunió este jueves 12 de febrero en Pintaderas para regalar al público una tertulia, moderada por Social24Horas, de muchos quilates. Valladolid es una ciudad de literatura, de cine y de teatro, pero también de muy buena música, y eso quedó patente de la mano de artistas de la talla de Javier Vielba (Arizona Baby, El Meister, Corizonas), Erik Urano, Alba Sanzo (Cabeza de Gallo) y Alicia Jiménez (Campo Grande, Cabeza de Gallo).
La IX edición del Foro de la Cultura tendrá lugar del 19 al 22 de febrero en Valladolid, y girará en torno al universo, así que precisamente por ahí comenzó esta conversación. Teniendo en cuenta que ya existen canciones compuestas por los sonidos emitidos por los planetas (la NASA se ha encargado de ello), y que todas las cosas en el universo tienen música, de una forma u otra, con los artistas canalizando esas ondas, esa energía, prácticamente como médiums; ¿de dónde sacan la música los protagonistas de esta tertulia?
Alba y Alicia coincidían en que se les acumula dentro del cuerpo y el movimiento de salida es algo bastante parecido a vomitarlo todo. La música está ahí, sí, pero hay que salir a buscarla. Según Neil Young, hay que salir a cazar, explicó Vielba. Y cuando uno sale a cazar no sabe lo que va a conseguir llevar a casa. El de Arizona Baby se definió como amante de la radio y un oyente activo, lo cual facilitó que a muy temprana edad le fuese engatusando el hecho de imitar como podía lo que iba escuchando por ahí. Lo mismo que Erik Urano, que reconoció que al principio uno lo que hace es copiar, y que poco a poco hay que ir mejorando y tratando de que la copia se note cada vez menos, encontrando tu propio estilo.
Ha habido momentos en la historia de la música, o determinados artistas o generaciones de artistas, que han ampliado horizontes, que han abiertos nuevos mundos musicales allá donde el resto no se había detenido a buscar (la psicodelia, por ejemplo). A Alba Sanzo la innovación disruptiva que más le atrae se llama David y se apellida Bowie. Llegó a él de casualidad cuando, obsesionada por el Unplugged in New York de Nirvana, le recomendó a un amigo escuchar The man who sold the world, y este le contestó que ese tema era del músico londinense. Alba, muy jovencita en aquella época, nunca había escuchado hablar de ese artista que, a día de hoy, le parece igual de increíble que la primera vez que escuchó Life on Mars? en los discos que encontraba en la Biblioteca de Castilla y Léon (también conocida como Biblioteca de San Nicolás, o San Quirce).
Alicia, que es musicóloga, está estudiando últimamente el proceso de electrificación en la música española en los años sesenta. En su opinión, esas innovaciones llegan poco a poco y a base de pequeños aportes encadenados. Lo mismo opina Vielba, que puso como ejemplo el primer concierto de los Sex Pistols en Manchester (recomendó ver la película 24 Hours Party People, de Michael Winterbottom, donde lo cuentan muy bien: había unas quince personas entre el público y de ahí surgieron como diez bandas). Aquello fue el momento álgido del punk, pero antes hubo algunos otros (New York Dolls o Ramones, entre ellos) que fueron allanando el camino.

Erik Urano puso sobre la mesa el boom de la música electrónica, con el antecedente del impacto que produjo en su momento la aparición de Kraftwerk en Düsseldorf (Alemania) en 1970. Un par de años antes, en Nueva York, tal y como apuntó Vielba, habían aparecido los Silver Apples, que era básicamente “un tipo a la batería y otro con un montón de cacharros”. Lo dicho, pequeños aportes que se han ido sumando los unos a los otros.
El debate de verdad comenzó cuando se planteó cómo será la música del futuro, cuando ya no estemos aquí ninguno de nosotros. ¿Qué innovación disruptiva está por venir? Alba Sanzo se resistía a encontrar una respuesta y apostaba por la guitarra como superviviente nata. Al menos esa es su esperanza.

Su compañera Alicia no es de la misma idea, por experiencia propia. Cada vez le gustan más los sintetizadores (últimamente está echando muchas horas en ello), y cree que la cosa va en esa línea. Cada vez más máquinas, o incluso instrumentos que nos muestren sonidos y timbres a los que no estamos acostumbrados hoy en día.
El problema fundamental en el futuro, y que ya estamos sintiendo en el presente, será, en palabras de Erik Urano, que la música será rentable. Es decir, que solo existirá la música rentable, la que pueda comercializarse con mayor facilidad. Alejándose de lo puramente musical y centrándose en lo empresarial, protestó de la dictadura del algoritmo, que es lo que manda ahora: ofrece en las plataformas música elegida únicamente en base a criterios económicos.
Esto, según el rapero vallisoletano, es una lástima porque todas las músicas que abrieron horizontes (las que se han mencionado, antes, y muchas más) fueron no rentables en un principio, pero ahí estaban, atravesando ese proceso. La cultura de un pueblo se forma, entre otras cosas, por múltiples y variadas manifestaciones artísticas, no solo por las que más retorno monetario garanticen.

Casi haciendo las veces de continuación de esta charla, el jueves 19 de febrero (jornada en la que arranca oficialmente el Foro de la Cultura) Arizona Baby y Cabeza de Gallo se subirán al escenario de la sala Porta Caeli en lo que han denominado “Recital universal”. No va a ser un concierto más: las bandas prometen dejar a los asistentes con la boca abierta para dar la bienvenida a todo un fin de semana de pensamiento y diálogo.
VDL/ LVP




