En las profundidades de la 70ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) estaba escondido un nenúfar que, afortunadamente, el jurado de la sección Tiempo de Historia hizo brotar como merecía. La madrileña Candela Sotos fue galardonada con el premio DOC España por Yrupẽ, un documental botánico con mucha memoria.
Cuatro fotogramas de una película inacabada (La flor de Irupé) que su tío abuelo comenzó a filmar en Buenos Aires le hicieron poner en marcha todo su aparato creativo. “Tenía mucha curiosidad. Mi madre me había hablado de que ella tenía un tío que hacía cine, que grababa a las abejas”, cuenta la premiada directora en conversación con Social24Horas. “Lo busqué en Google y vi que existía un archivo”.
El tío abuelo de Sotos es el conquense Guillermo Fernández López-Zúñiga (1909-2005), biólogo y pionero del cine científico en España, que no solo buscaba abejas, sino también, de vez en cuando, nenúfares. El prodigio del yrupẽ, por ejemplo, presenta hojas flotantes que pueden llegar a medir dos metros de diámetro, con su floración y posibilidades de creación surgiendo en silencio y durante solamente una o dos noches al año. Zúñiga quiso inmortalizar esta historia y darla a conocer, pero no terminó el trabajo.
Cuando Candela Sotos comenzó a recabar todo tipo de informaciones sobre Zúñiga, y esto es el argumento de su notable documental, se fue topando con pasajes crudos y hermosos a la vez, como los descritos en cartas de hace casi un siglo. En ellas, el biólogo relata la emoción de los que, en los pequeños municipios que visitaba, veían cine por primera vez. Entonces le surge la necesidad, casi la obligación social, de dedicarse a la divulgación científica, que tan útil debía ser “para incrementar la cultura de nuestro pueblo”. Le marcó profundamente toda la desigualdad que vio recorriendo la geografía española.
“Las misiones pedagógicas se han estudiado mucho, y hay muchas imágenes de eso, y del trabajo que hizo Val del Omar”, explica Sotos, “pero leerlo en una carta en primera persona, y además de un familiar, es muy emocionante”.
Desde que se dio cuenta de la importancia y del significado de lo que tenía entre manos, Zúñiga investigó por él y por todos sus compañeros. Y del mismo modo que investigó él, ahora ha investigado su sobrina nieta, que no tuvo la oportunidad de conocerlo en vida. A ello ha dedicado ocho años completos, llegando incluso a mudarse a Argentina: “La única forma que tenía de poder hacer la filmación de esta película y de grabar el crecimiento de la planta, acompasándome a los tiempos de ella, era yéndome allí”.

La búsqueda se convirtió en otra cosa
A medida que avanzaba la pesquisa, Candela Sotos se fue percatando de la realidad de la biografía de Zúñiga y de su posicionamiento ideológico. Sus labores de divulgación científica y cultural durante la Segunda República le obligaron a exiliarse tras la Guerra Civil. Todo este pasado se va desgranando en la película al mismo tiempo que se filma minuciosamente el presente del nenúfar.
“Para mí la gran sorpresa del archivo, lo más chocante, fue la parte de los campos de concentración”, reconoce, en referencia a la presencia de Zúñiga en Argelès-sur-Mer (Francia). “De repente ver esas imágenes… Me llevó mucho tiempo aceptar que eso era parte de mi historia familiar. Tardé un montón en asimilarlo como material para el montaje. Me afectaba mucho”.
Superada esa etapa es donde encaja el capítulo bonaerense de Zúñiga, en un segundo exilio. Su vida y obra fue tan difícil de ordenar, por aquel entonces, como lo es la germinación del yrupẽ (todo sucede a medio metro subacuático). Tanto el nenúfar como el cineasta son dos milagros; sin embargo, en la familia más cercana esta película ha levantado alguna suspicacia. “Siempre se han prestado a que yo usase el archivo para la película, pero a mitad del camino sé que ha habido miedo por cómo iba a ser la interpretación política”.
A pesar de la complejidad de las relaciones familiares, y más aún cuando se trata de memoria histórica, Candela Sotos decidió rematar la obra con la mayor libertad posible. Al fin y al cabo, recuerda, ella no es historiadora: “Es una película artística”.
“Yrupẽ” no estará disponible en plataformas audiovisuales ni se firmará ningún contrato comercial de distribución. La directora quiere que sus proyecciones se circunscriban al ámbito educativo y de divulgación científica. En el nombre de Zúñiga y de las misiones pedagógicas.
Víctor David López




