El proyecto segoviano arrancó este curso en un momento de incertidumbre: nuevo entrenador, plantilla renovada, jugadores que llegaron con la mochila llena de presión y otros que decidieron quedarse cuando muchos optaban por marcharse. Esa base —más allá de nombres y colores— ya tiene estructura: se ha visto en los entrenamientos y se ha confirmado sobre el campo.
Desde el pitido inicial, Segosala entendió que no bastaba con competir ante un rival que no perdía casi nunca. Hubo ayudas defensivas constantes, movimientos sin balón, ayudas entre líneas y una comunicación fluida que evitó que River Zamora encontrara su ritmo. Es en estos escenarios, cuando emergen protagonistas individuales. Y ahí apareció Munir (autor de los dos goles). Pero no lo hizo solo: lo hizo desde el bloque.
El guion del encuentro mostró un Segosala férreo, consciente de lo que tenía y de lo que podía perder. Conscientes también de que el rival, por encima del nombre y del liderato, tenía fisuras. Y el equipo las aprovechó.
Munir puso el primero con claridad, rompiendo la resistencia visitante.
River Zamora intentó reaccionar, pero chocó con una defensa bien ordenada, que no concedió espacios fáciles.
El segundo de Munir fue la puntilla de energía que necesitaba el bloque segoviano para creer que la victoria estaba más cerca que nunca.
A partir de ahí, pese al empuje del líder, Segosala controló sensaciones, no se desordenó, y lo cerró sin sobresaltos mayores
Lo verdaderamente importante aquí no es únicamente el “2-1 ante el líder”, sino lo que representa:
Un equipo que confía en el proceso.
Una plantilla joven, con hambre, valiente para asumir retos difíciles.
Un club que muestra que desde “casi nada” se puede empezar a construir algo
Una victoria que servirá de impulso. Ahora no es momento de dormirse, pero sí de reforzar la convicción de que el camino es el correcto.




