El Sindicato de Vivienda de Valladolid finaliza un curso lleno de pelea contra el acoso inmobiliario y el negocio de la vivienda en Valladolid, en defensa de un derecho cada vez más alejado de la ciudadanía y más bajo el poder de caseros especuladores, bancos y fondos buitre.
Han sido en total setenta y ocho casos gestionados por el Sindicato, de los cuales, la mayoría (21.1 %) estaban relacionados con condiciones insanas en los alquileres. Según la organización, son más habituales de lo deseado las “viviendas sin ventanas, con humedades constantes, moho en las paredes, inundaciones de la fosa séptica, casas sin calefacción en los meses más fríos de invierno”. Cuando los inquilinos exigen reparaciones a los caseros, estos “se niegan y los amedrentan con la finalidad de que se acaben yéndose”.
Otros de los principales focos de trabajo fueron los desahucios (13.2 % del total de los casos); las fianzas (13.2 %); las subidas de alquiler (13.2 %); las permanencias (13.2 %), y las renegociaciones de contrato (11.8 %). También se ocuparon de problemáticas como el alquiler social, las coacciones y los suministros.
En las relaciones entre inquilino y propietario, sea este de la naturaleza que sea, el Sindicato denuncia la proliferación de acoso inmobiliario. Cuando el casero quiere libre la vivienda, suele recurrir a estrategias como “fingir que la necesita para un familiar; poner a la comunidad en contra del inquilino; entrar sin autorización en la casa del inquilino y permanecer allí, o contratar a empresas que presionan y amenazan con violencia física al inquilino”.
Por supuesto, los desahucios no han desaparecido en Valladolid. Con la movilización del Sindicato de Vivienda, y de todos los simpatizantes que se unieron a la causa, se consiguieron detener dos de ellos, plantando cara a las fuerzas policiales y a las autoridades judiciales.



