En los talleres de la fundición Saeta, perteneciente al grupo Philips, el calor sigue siendo excesivo, y el ruido también. Hay, además, el peligro de la exposición al níquel, relacionada según los especialistas con un mayor riesgo de cáncer de pulmón y de cáncer nasal. En la empresa ha habido análisis médicos con resultados inquietantes a este respecto, sin respuesta del departamento de seguridad y salud de la compañía. La mayoría de la plantilla lleva en huelga indefinida más de mes y medio.
Parecía que el viernes las dos partes habían llegado a un acuerdo, o al menos que podría haber un acercamiento; sin embargo, el domingo por la mañana la empresa del polígono de San Cristobal envió una notificación por email a todos los interesados cambiando el acuerdo que tanto costó alcanzar. “No tenía nada que ver con lo hablado”, protestan desde talleres. En el comité de empresa, los sindicatos (sobre todo CGT y CCOO) no se cansan ni se rinden: ya han solicitado una nueva reunión de negociación, para apurar al máximo el mes de julio.
Roberto es uno de los maquinistas de Saeta. Según él, este acuerdo era prácticamente de mínimos. Habían aceptado 150 euros al mes de plus de penosidad y peligrosidad por todo lo que conlleva su trabajo. Algo insignificante para una fundición que factura lo que factura. Pero ni aun así.
El seguimiento de la huelga en talleres es casi total, superior al noventa por ciento. De los tres turnos que existen, en uno de ellos no trabaja nadie, y en los otros dos tan solo tres o cuatro personas. Entre el personal administrativo, el seguimiento es diferente. “La penosidad no está en las oficinas”, se queja Roberto. “Han ido en contra de la huelga. Doblan el salario de la gente de producción”.
Otro de los maquinistas de Saeta es Adrián. Explica, en conversación con Social24Horas, que la empresa no llega al plus de penosidad que exige la plantilla: “Dicen que desde Holanda no les dejan. Que los clientes se van y que no hay dinero”. Y si hubiera alguna esperanza de rozar ese plus de penosidad, sería modificando el convenio, por lo cual quedaría afectado el salario base. Alega la gerencia, por otra parte, que no todos los puestos tendrían esa penosidad o peligrosidad: “Dicen que solo corresponde a los horneros”, señala Adrián.
Una de las teorías más extendidas entre las trabajadoras y trabajadores es que desde el principio toda esta falta de respuesta de la gerencia de Saeta está encaminada a una reducción de personal. Ya ha habido amenazas al respecto. Primero, hablando de expediente de regulación de empleo (ERE), y luego planteando que si por esta huelga se está perdiendo el 40% de producción (y hay riesgo de que la fabricación de moldes se escape hacia otras empresas), será necesario el despido del 25% de la plantilla de talleres.
Mientras tanto, cada persona en huelga es una familia y cada familia, una historia. “En mi casa solo entra mi sueldo”, comenta Roberto. Sobre cuánto tiempo aguantarán en huelga, lo tiene claro: “Ya que nos hemos puesto, me da igual ocho que ochenta. El nivel de enfado ha subido bastante después de lo del domingo”.




