Llegó un momento en la vida de Afioco Gnecco, realizador y activista queer, que su cara ya no le parecía su cara. Tampoco su voz. Carolina Yuste (ganadora de dos premios Goya), su mejor amiga, lo notó de un mes para el otro y se quedó un poco en estado de shock. Esta historia debía ser contada, y se iban a encargar ellos mismos, sin intermediarios.
Este cuerpo mío, documental participante en la sección Tiempo de Historia (Gnecco y Yuste lo codirigen y lo protagonizan), muestra el largo y tortuoso camino de la transición de género: testosterona, pastillas para detener la menstruación, planes de masectomía, golpes de autoestima.
El rodaje, de bajo coste, comenzó de la manera más natural, de la necesidad y el deseo de documentar una travesía que nadie sabía cómo sería, y que, tal y como se comenta en el filme, no la puede hacer uno solo. “Sin Carolina”, reconoce Gnecco, “no habría podido transicionar”. Hace tres años cogieron el teléfono y empezaron a grabar. Ya nunca pararon. Jamás se imaginaron que acabarían presentando el resultado en la 70ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).
La transición, en el documental, es contada a modo de diario filmado, de manera conmovedora, con dudas, con miedos y también con muchas risas (la dupla consigue que todo esté bañado de calidez, ternura y buen rollo). Un viaje personal y también geográfico: Gnecco cruza en charco rebuscando en sus orígenes (sus familiares le recordaban como una adolescente, y ahora vuelve “con barba”).
Este aterrizaje en Chile es tal vez uno de los pasajes más intensos del largometraje, igual que lo es la despedida, carta incluida, que le prepara Gnecco a la mujer que una vez fue. En un texto espléndido, le pide disculpas a Rafaela (así es como se llamaba hasta entonces) por no haber dado el paso antes.

Este cuerpo mío es, en palabras del director y protagonista en el debate posterior al pase en los cines Broadway, “una peli muy pequeñita, hecha desde el amor más absoluto”. Aparte de conseguir reconocerse en el espejo, reforzarse mentalmente, el trabajo tiene otro objetivo igual de importante: “Espero que a alguien le ilumine”. Sin duda, lo consigue, porque ilumina a muchos e ilumina al mundo.
Afioco Gnecco tiene con su amiga Carolina Yuste una relación para toda la vida, se quieren con pasión, eso queda bien claro, pero no se pueden dejar de lado otras colaboraciones clave en su vida y en la película, como la de la ONG Apoyo Positivo, y, por supuesto, la de Sara, su pareja, inseparable también en las etapas más complicadas del proceso.
Reconocía Gnecco ante el público que llenaba la sala 3 de los Broadway que ahora mismo le cuesta ver el inicio de la película, la primera fase de la transición de género. Su mente ya está en otro lado. Solo él y solo Carol saben, aunque lo digan sonriendo, lo que ha costado llegar hasta aquí.
V.D.L.




