No hay duda de que León Gieco (Cañada Rosquín -Argentina-,1951) es la mayor conexión que tiene esta edición del Cosquín Rock España con el festival madre, pues, además de ser un emblema latinoamericano, hace más de dos décadas que el músico santafesino formó parte del cartel que triunfó en la ciudad de Cosquín (Argentina), junto a Charly García, Luis Alberto Spinetta, Fito Páez, Bersuit Vergarabat, La Vela Puerca, Molotov o Intoxicados, entre otros.
Toda una vida a contracorriente, Gieco es un trovador al que se le fueron acumulando las causas perdidas: aprendió del folk de Pete Seeger, a quien considera su maestro y con quien tuvo la oportunidad de compartir escenario; la guerra de Malvinas lo atravesó, como a toda su generación; tuvo una banda con Charly García (PorSuiGieco); fue amigo íntimo de Mercedes Sosa.
Para la historia de la música en español quedan temas como “En el país de la libertad”, “Fantasma de Canterville”, “La colina de la vida” o “El ángel de la bicicleta”, trabajos que le colocaron entre los imprescindibles de un continente que, en los años setenta y también ahora, necesita portavoces y megáfonos.
Hoy Gieco mira con tranquilidad desde la atalaya de sus 73 años. Tenía tan solo 27, y acumulaba más garra, cuando, en su pueblo, escribió como si tal cosa la letra y la música de “Solo le pido a Dios”, la canción que navegaría el mundo y unas cuantas de sus lenguas.
El que le quiera ver sobre las tablas del Cosquín Rock España, eso sí, tendrá que llegar muy pronto al recinto. Con una programación tan ecléctica, y estando lejos de las tendencias mayoritarias desde hace tiempo, la organización ha colocado su actuación a pleno sol, a las 18:20: su concierto se fusionará con el de sus amigos de Agarrate Catalina, la murga carnavalesca uruguaya con la que colabora hace un tiempo.

Tragedia familiar en el conflicto palestino-israelí
En los últimos meses, Gieco y su familia han sufrido en sus carnes el dolor de esas guerras que no nos deben ser indiferentes. En uno de los conflictos que más estragos está causando en esta década, el argentino ha tenido que llorar la muerte de un ser muy querido y muy joven, y al mismo tiempo posicionarse como “músico de paz” (así se ha definido siempre).
Su sobrino Ron Scherman (hijo del hermano de su esposa, Alicia Scherman), nacido en Israel, tenía 19 años y estaba cumpliendo el servicio militar obligatorio cuando fue secuestrado por Hamás el 7 de octubre de 2023. Apareció muerto (estando como rehén) dos meses después, tras un bombardeo del Ejército de su propio país contra uno de los líderes de la organización política y paramilitar palestina.
“Como músico comprometido desde siempre con la paz y hoy abrumado por la situación extrema en Medio Oriente”, decía el cantante en un vídeo tras enterarse de la noticia del secuestro, “por la ceguera y dureza de los políticos y estos actos de terror donde las víctimas siempre son los pueblos, tanto palestinos como israelíes, siempre los pueblos, pido por una salida pacífica de este conflicto milenario y cruel”.
Días después, aún sin conocer el destino que le esperaba a su sobrino, Gieco se acercó a una mezquita en el barrio de Colegiales (Buenos Aires) para grabar una versión de árabe y en hebreo de “Solo le pido a Dios”. Nadie le podrá decir, ni esta dramática ocasión ni en ninguna otra, que ha pasado de puntillas por alguna sinrazón “vacío y solo sin haber hecho lo suficiente”.
“Es un pedido por la paz, que está bastante maltratada ahora y desde hace mucho tiempo”, comentaba el compositor, que estuvo acompañado en esa histórica grabación por las músicas y músicos de Alma Sufí Ensamble, con Nuri Nardelli cantando en árabe y Gastón Saied interpretándola en hebreo. “Hacemos estas cosas porque sentimos la impotencia frente a los horrores de la guerra, aunque sabemos que esto no va a cambiar absolutamente nada”, se lamentaba. “La guerra”, como él mismo sospechaba, “habla otro idioma”.
VDL




