Valladolid vuelve a tener el metal en el centro de la pelea. Cinco reuniones de negociación han pasado ya sin que la distancia entre patronal y sindicatos se haya acortado lo más mínimo. Y el tiempo corre. CCOO y UGT llevan semanas advirtiendo de que no van a firmar un convenio que deje a los trabajadores peor de lo que estaban.
El sector afecta a más de 5.000 personas en la provincia, trabajadores de la industria, las nuevas tecnologías y los servicios del metal. No es una cifra abstracta: son familias, barrios, economías domésticas que llevan años aguantando el tirón de la inflación con los dientes apretados.
El nudo central de la negociación es el dinero. Los sindicatos piden un 5 % de subida salarial anual para el trienio 2026-2028. No es un capricho: es recuperar lo que la inflación se ha llevado por delante en los últimos años. La patronal llega a la mesa con una oferta bien distinta: un 2,5 % para 2026 y un 1,5 % para cada uno de los dos años siguientes. Para CCOO y UGT, eso no es negociar: es una provocación, “claramente alejada” de la realidad. Y no les falta razón cuando se compara con el coste de vida que soportan las familias trabajadoras de la provincia.
Ponerte enfermo no debería salirte caro
Pero si hay algo que ha encendido los ánimos en los centros de trabajo es otra cosa: la patronal quiere eliminar los complementos de incapacidad temporal. Dicho en plata: si un trabajador cae enfermo y necesita la baja, la empresa quiere que lo note en el bolsillo.
Ahora mismo, esos complementos garantizan que una baja médica no se convierta en un problema económico sumado al problema de salud. Suprimirlos es, para los sindicatos, convertir la enfermedad en un castigo. “No vamos a aceptar un convenio que suponga pérdida de derechos”, han dejado claro desde ambas centrales. Y en los centros de trabajo, la indignación ante esta propuesta es palpable.
La conciliación, también bloqueada
La cosa no queda ahí. La patronal también frena cualquier avance en reducción de jornada y en la actualización de permisos y licencias. Los sindicatos llevan tiempo reclamando que el convenio recoja las nuevas realidades de las familias trabajadoras: cuidados, situaciones familiares que hace veinte años no existían o no se reconocían, necesidades que el mercado laboral todavía trata como excepciones. La respuesta empresarial, hasta ahora, ha sido el inmovilismo.
Si la patronal no mueve ficha, la movilización llega a la calle. CCOO y UGT no han concretado fechas, pero el aviso está sobre la mesa: concentraciones, paros, acción directa en los centros de trabajo. Es de suponer que otros sindicatos, habitualmente presentes en los comités de empresa, se unan a las movilizaciones, organicen las suyas propias o aumenten la presión por otras vías.
Tiempos movidos en el metal vallisoletano
El metal vallisoletano tiene historia de pelea. Esta situación de bloqueo se une a los conflictos acecidos en este sector en los dos últimos años en Valladolid. El más reciente, el de Renault; y los más desgastantes, los de Saeta Die Casting y Frenos y Conjuntos. En ambos casos, el aguante de trabajadoras y trabajadores fue impulsado también por el ímpetu de la Confederación General del Trabajo (CGT), que llegó incluso a desplegar la estrategia de la caja de resistencia, ideada para amortiguar el impacto económico que supone la huelga para aquellos que se deciden a hacerla.
En el caso de esta mesa de negociación con la patronal en torno al convenio, CGT es precisamente uno de los sindicatos que no tiene la oportunidad de participar y estar presente, ya que se usa el baremo de la representatividad.
JML

