Lo que Los Jarabo proponen es todo un desafío bidireccional. Se desafían a ellos mismos con un cambio de sillas y de roles respecto a sus proyectos musicales habituales, y al mismo tiempo desafían al público, lo desorientan, por tratarse de una banda (mejor dicho, un supergrupo) que siempre está llegando pero que nunca acaba de aparecer del todo.
Álex Izquierdo (Ángel Stanich Band) está en la guitarra y en la voz; Javier Vielba (Arizona Baby, Corizonas, El Meister) se sienta frente a la batería y hace los coros, y Sergio isabel (The Levintants) se encarga del bajo. Social24Horas conversa con Álex Izquierdo, días antes de que la banda cierre este sábado 11 de abril (20:45) el Festival de Ropa con Tara y Stock de Pintaderas (Feria de Valladolid).
PREGUNTA. ¿Es un poco todo como misterioso con Los Jarabo, no? Solo habéis publicado un tema: Aliados.
RESPUESTA (Álex Izquierdo). Un solo tema, que además no es ninguno de los que tocamos en directo.
P. Ah, vale. O sea que hay repertorio propio que no está grabado. O que está grabado pero no publicado.
R. Tenemos un disco que llevamos años puliendo, viendo la posibilidad de sacarlo en condiciones. Seguramente salga en breve. El problema que hemos tenido siempre ha sido la diversidad de agendas. Cuando yo podía y tenía un poco más libre, resulta que era temporada de presentación de disco de Corizonas; cuando a Javi se le abría una ventana de no tener nada ni con El Meister ni con Arizona Baby ni con Corizonas, resulta que yo estaba de gira con Stanich. Siempre ha sido imposible sacar el disco y defenderlo. Pero ahora hemos dicho hasta aquí. Ya está bien. Que damos dos conciertos, pues dos. Y si damos veinte, pues veinte. Y Aliados, pues era un tema que teníamos en el tintero pendiente de sacar, pero nunca la encontramos el punto con la formación de banda que tenemos, bastante punky: bajo, batería y guitarra.
P. Y al final disteis con ello.
R. Nos salió casi casi electrónico, supercasero todo. Dijimos vamos a hacer el experimento con gaseosa de abrirnos el Spotify con él, y que por lo menos Los Jarabo aparezcan de alguna manera, una forma de estar ahí, de decir “hey, chicos, somos Los Jarabo y hacemos esto”. El espíritu de la banda está ahí, aunque la formación y el sonido sea distinto a los directos: el tono socarrón de las letras está ahí, la esencia de la banda está en este tema.
P. Siempre has dicho que Los Jarabo eran un patio de juegos.
R. Tanto Vielba como yo, que somos los que componemos, somos hijos de nuestro tiempo, criados en los noventa. Reivindicamos las formas de hacer música con las que nos criamos. Nos dedicamos a tocar, somos unos privilegiados por estar en bandas que funcionan y que están asentadas. Esta cosa que están viviendo los chavales ahora con los grupos, en los cuales tienen que ser compositores, cantantes, community managers, creadores de contenido y además saber de marketing, nosotros siempre hemos tenido la suerte de que había gente haciendo ese trabajo por nosotros. Al final tienen que estar a cuarenta mil cosas aparte de la música. Ahora que nos hemos encontrado con este proyecto en el que todo eso lo tenemos que hacer nosotros, ¿cuál es el resultado?, pues que las redes son un desastre y el Spotify es un desastre. Sí, es más un patio de juegos y de experimentación que un trabajo en el que nos tenemos que sentar y ver la cuenta de resultados. Lo que queremos es pasarlo bien.
P. Y también sueles decir que Los Jarabo son como la niña de tus ojos.
R. Es normal. En mi caso, yo soy músico gregario para otra gente. El bajista siempre está en segundo plano. Hay mil chistecitos con esto.
P. No ligáis, por ejemplo.
R. Eso, ese tipo de cosas. De repente verme de frontman, guitarrista y cantante, además sin otro guitarrista solista que te haga sombra, pues es como… ¡guau! Es un subidón de la hostia. Es un poco como volver a tener diecisiete años, te juntas con tus colegas en el local otra vez y te pones a montar ruidera sin preocuparte de plazos de entrega de un disco, no hay nadie detrás, hacemos lo que nos sale de las pelotas.
P. Tampoco hay red.
R. Eso es. Estamos macarreando, como cuando empezamos en esto, como cuando no teníamos a nadie esperando un disco ni plazos que cumplir. Pero bueno, luego van saliendo cosas, tocas en un sitio y en otro y la gente te pide las canciones. “Oye, tocad la de Rebobinar, o la de Dónde está Rafa”.
P. Eso es romántico: que te pidan canciones que ni siquiera están publicadas.
R. Hay un componente local. Como te digo, por cuestiones de agenda, ha habido sobre todo conciertos locales. El público que tenemos es gente que nos conoce, que sigue nuestros otros proyectos y que ve esto como lo vemos nosotros: la curiosidad y el experimento. Es una cosa muy lúdico-festiva, muy ramoniaca, pasártelo bien sin complicaciones pero aprovechando para de vez en cuando meter ahí una letra con un poco de retranca para dejarte el escozor.
P. ¿Desde cuándo os conocéis? ¿Lo recuerdas?
R. Vielba y yo nos conocemos desde la época universitaria, hará veinticinco años.
P. ¿Y cómo fue la primera vez?
R. Mira, yo era muy amigo de Rubén Marrón, el guitarrista de Arizona Baby y Corizonas, porque éramos compañeros en el Instituto Parquesol. Rubén ya conocía a Vielba. En esa época en la que él tocaba en Nägana y yo andaba en grupos de metal que nos duraban un año, nos conocimos en lo que entonces era El Coyote, que luego fue La Novena Puerta, en la plaza del Rosarillo. A Sergio le conocimos más tarde porque es de otra generación, tiene como diez años menos que nosotros, es el benjamín de la banda y le da una perspectiva diferente.
P. Acostumbrados a girar por todo el país, ¿cómo se ve la escena pucelana desde fuera? ¿En qué nivel la colocarías?
R. Hace como diez años, tal vez un poco más, hubo un boom increíble, muy visiblemente centralizado en el Open Mic los domingos. Todos los putos domingos había siete u ocho actuaciones de gente gigante. Era una cosa superloca. De ahí salió Levintants, Ángel Stanich, todo lo de Cosmic Birds, estaba Carreño también. Había una escena que tuvo cierta repercusión a nivel nacional. Pero nos da la impresión de que debería haber tenido mucha más visibilidad nacional de la que realmente tuvo. Porque esto ha pasado en más sitios: ha pasado en Murcia, en su momento lógicamente en los ochenta pasó en Vigo y en Madrid, ha pasado con el Xixón Sound. Valladolid tuvo eso, y todavía tiene un remanente de todo aquello.
P. No conseguimos rematar el Pucela Sound.
R. Fue un poco lástima, pero, por otro lado, el hecho de que hubiera grupos funcionando y que nos haya quedado al menos esa escena local es una alegría y un orgullo. A día de hoy todavía estamos disfrutando de esas mieles.
Víctor David López




