No hay constancia de que las visitas a Europa de Sister Rosetta Tharpe junto a Muddy Waters a principios de los años sesenta la llevaran a Andalucía, pero, ¿y si el impacto que provocó en el Reino Unido llegó, vía Gibraltar, hasta La Línea de la Concepción? Solo así se explicaría la furia que tiene adentro Alba “La Perra” Blanco cuando entra en trance.
El de este domingo por la noche fue, posiblemente, uno de los mejores conciertos de lo que va de año en Valladolid; no solo por la superbanda que forman Alba (guitarra y voz), Guillermo González (contrabajo), Jesús López (batería), Gerard Vercher (vientos) y Nelo Alfonso (teclados); no solo por lo bien que se compenetran; ni por lo rápido que conectaron con una sala Porta Caeli repleta (tardaron medio segundo); ni por hacer bailar a la gente durante una hora y tres cuartos; ni por los enormes temas que atesoran, que ya ni caben en cinco discos (sonó también una canción inédita): sino porque de todas las bandas que en España se dedican al rock and roll de raíz, La Perra Blanco es la que mejor respeta y amplifica la esencia, plasmándola con rigor en vinilos y trasportándola con calidad, energía y diversión a los escenarios.
“Sin amor ya no soy quien fui”, canta Alba en una de sus primeras grabaciones en castellano, y se dice orgullosa de todas las veces que ha amado (esto lo podría firmar la propia Rosetta, madrina del rock and roll) y le han hecho trizas el corazón. Mejor eso que nunca haber amado, pero toxicidades de las que llevan el nombre en inglés acumula unas cuantas: le han hecho ghosting, love bombing e incluso breadcrumbing. No son episodios agradables, ni mucho menos, pero la gaditana, con mucho trabajo y terapia ha convertido las relaciones turbulentas primero en anécdotas graciosas, y luego en hits de La Perra Blanco.

Varios de estos éxitos son nuevos y al mismo tiempo ya son clásicos: Number one fool, Devil in my bed, The Barracuda y I need your lovin´ podrían ser números uno en cualquier emisora, aunque casi mejor que no lo sean, para que nadie pueda manipularlos ni domesticarlos y se acabe pudriendo todo. Por supuesto también hubo hueco para seguir exprimiendo el anterior LP, Get it out: el combo se gustó con el Treat me (like a man should do), y Down and Bound fue otro buen trallazo de electricidad. Hay mucha tela que cortar en esta discografía. Cuidémosla.
El show dejó para el recuerdo tres aclamados y sudorosos paseos de Alba por la sala guitarra en mano. El primero fue por sorpresa. El segundo lo hizo acompañada por Vercher, el saxofonista (¡menudo mano a mano!). El tercero fue el más alborotado: terminó subida encima de la barra jugando una especie de partido de tenis musical con sus compañeros, que la observaban de lejos al otro lado del gentío. Como si Sister Rosetta Tharpe montara jarana en una vieja taberna de La Línea.
En Pucela, avisó La Perra Blanco, cerraban un fin de semana con tres actuaciones encadenadas, sin respiro; así que se podía permitir el lujo de partirse tranquilamente la rodilla o quedarse afónica, sin presiones, sin responsabilidades. Por suerte para todos, llevó esa consigna a rajatabla y se vació.
V.D.L.





