“Ayer por la noche perdí la guitarra y la pedalera. Las dejé al lado de la furgo al descargar en La Rondilla, me despisté un momento y cuando volví, ya no estaban”. Así comenzaba el mensaje de alarma que Iñaki Zaldua, cantante y guitarrista de la banda pucelana Seiskafés, publicaba en sus redes sociales y en las de su grupo el viernes por la mañana. Sucedió en la zona del antiguo colegio San Juan de la Cruz. “Son mi herramienta de trabajo”, lamentaba el músico. “Se agradece cualquier ayuda para recuperarlas”.
Cuando se dio cuenta y bajó a rescatar la guitarra y la pedalera allí donde las había dejado apoyadas, no quedaba ni rastro. Frustrado y preocupado, pero confiado en que volvieran a aparecer, el músico indicaba en su llamamiento de la mañana siguiente (que ya acumulaba “likes” y comentarios, y se empezaba a compartir a toda velocidad), con todo lujo de detalles, las características del material perdido. Se trataba de una guitarra Washburn naranja que le acompañaba desde hacía veinte años.
“Tiene el puente bloqueado y los clavijeros cambiados, son bastante raros. Son autoblocantes y cortan las cuerdas según las pones. La parte de atrás de la guitarra está bastante desgastada por el roce con las tachuelas del cinto”, contaba, para que quien la localizara supiera que era la suya. “Estaba dentro de un estuche rígido, negro y bastante gastado. Dentro del estuche hay dos juegos de cuerdas, una herramienta multiusos, Victorinox, una correa roja con calaveras y un montón de púas de Seiskafés”. Hasta el número de serie indicaba Iñaki, que añadía también informaciones sobre la pedalera: “Una XT Live, con quemaduras de pólvora en la pantalla LED”.
Pasaban las horas y, en ese compás de espera, mientras en el barrio se emprendía la búsqueda del instrumento por las calles y por internet, a Iñaki se le vino encima, por sorpresa, un alud de solidaridad: le ofrecieron unas cuantas guitarras para el fin de semana, incluso hubo quien se postuló a comprarle una nueva, al estilo del Tranqui tronqui de Sergio Makaroff. La diferencia con respecto a la mountain bike del artista argentino es que al cantante y guitarrista de Seiskafés nadie le había robado nada.
En esos segundos, quizá algunos minutos, en los que guitarra y pedalera estuvieron abandonadas en la noche de La Rondilla, una pareja de Valoria aparcó su vehículo justo al lado. Al pisar la acera, localizaron el material y se sorprendieron al no ver a nadie alrededor. No les costó mucho imaginar que aquello que habían encontrado era valioso y que, sin duda, habría alguien para el que no solo sería valioso, sino que puede que no tuviera precio. Y así era.
Tras sopesar cuál sería la mejor opción, la pareja de Valoria decidió guardar la guitarra y la pedalera en el maletero de su coche, y emprender una búsqueda a través de las redes sociales. Para aquel entonces, Iñaki ya se había dado cuenta (siempre lo ha sabido) de la fuerza que puede tener una movilización vecinal en un barrio, sea la causa que sea. Con todas las guitarras que colegas y no colegas pusieron a su disposición, habría organizado sin problema un festival improvisado.
No fue instantáneo, ni fue fácil, pero unas cuantas horas después, ya avanzando la tarde del viernes, la pareja localizó en la red el perfil de alguien que compartía la publicación desesperada de Iñaki, y se pusieron en contacto con él para contarle la cara b de esta historia, su versión de los hechos, ante la incredulidad y felicidad del interesado.
El músico concertó una cita con ellos el sábado por la mañana. La pareja llegó directamente de Valoria para oficializar la repatriación de la añorada guitarra y de la pedalera. “Está guay encontrarse buena gente por el mundo, se portaron muy bien”, comenta Iñaki a Social24Horas. “Todo el mundo se volcó: los de la Asociación Vecinal Rondilla, todos los colegas, gente de otros grupos”.
Quién sabe si en el próximo álbum de Seiskafés una de las canciones cuenta este cuento colectivo de la guitarra que, protegida por todo un barrio, volvió a sonar en casa.
Víctor David López




