Para el poeta Tomás Segovia, la censura era simplemente una manifestación que revelaba los problemas de una sociedad. Es decir, la censura cultural que últimamente propone la Junta de Castilla y León probablemente la apoye la parte de la población que votó a los partidos que la proclaman, PP y Vox. Y son mayoría.
Dando más vueltas al asunto, Tomás Segovia se preguntaba (eran los años sesenta, y él vivía exiliado en México) que “dado que sería muy difícil encontrar a alguien mínimamente impregnado de los conflictos cotidianos que defienda que se deba permitir la propaganda y divulgación de todas las ideas” (incluyendo nazismo, racismo, machismo, pederastia…): «¿cómo determinar dónde empieza ese plano?». Bien, un buen punto de partida, ya aterrizando en nuestro 2026, podría ser, en este caso, un convenio internacional de amplio consenso como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el texto que estableció, en 1948, los derechos humanos fundamentales que deben protegerse en el mundo entero.
La arbitrariedad de la cutre censura actual es otra cosa. En los últimos tiempos en Valladolid se ha censurado la exposición La otra transición vallisoletana, del artista Íñigo Varona, y el montaje teatral Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva, de la compañía Proyecto 43-2. La conexión entre los dos trabajos censurados es la misma: ambos hablaban desde el punto de vista de las víctimas. La derecha más rancia y la ultraderecha siguen sin permitir, medio siglo después de la muerte de Franco, que se levante la voz. Prefieren que toda una generación crezca en la incultura, sin sentido crítico y más pobre.
Ahora llega el asunto de las ayudas para la producción y distribución cinematográfica. La Junta de Castilla y León no quiere ideologías ni adoctrinamiento ni propaganda política que no le convenga. Será un esfuerzo en vano. 2026 no son los años sesenta. Con más o menos rodeos, los mensajes de los artistas llegarán a donde tengan que llegar, porque, como dijo Víctor Jara, “canto que ha sido valiente siempre será canción nueva”.
Víctor David López


