Yo siempre me he sentido un poco apátrida… No sé si será porque las mentes como la mía somos tan inquietas que, a veces, nos cuesta encontrar el sentido de pertenencia o, por el contrario, quizá es porque he vivido desde prácticamente mi nacimiento el desarraigo más profundo al quedarme, con tan solo 28 días de vida, sola en un hospital… Pero es curioso, cuando yo vine para esta ciudad, procedente de una comarca llamada el Bierzo, se activó en mi ese fenómeno que muchos psicólogos explican de tratar de identificarse con lo de uno, con aquello de donde se viene y en ocasiones desprestigiar el sitio donde estás.
Sin embargo ahora, desde hace ya muchos años, y debido al conocimiento que yo no tengo claro si nos hace mejores personas, pero seguro que más inteligentes sí, tengo un gran sentimiento de pertenencia a León… Vaya, que me considero Cazurra desde la uña del pie hasta los pelos de la cabeza… Bien cierto es que la tierra que te vio nacer es una mera arbitrariedad como tantas otras de las vidas de las personas… Pero al final, lo que te constituye como persona, es aquello que te hace crecer, que te forma, que te hace desarrollarte y, sobre todo, cuando comprendes que detrás de toda esa identidad que habías construido, hay un buen relato manipulado, y es cuando se produce el desencanto…
León es un reino eterno, donde el pasado nunca muere, y donde la historia late en cada rincón… Esta es la ciudad donde vivo desde mucho más de la mitad de mi vida, en la que quiero seguir desarrollándome, en la que quiero seguir aprendiendo y de la que me costaría demasiada tristeza marcharme… Esta es mi tierra, y me siento enormemente orgullosa de luchar por ella, y sobre todo, de que no se la olvide políticamente, como a menudo se hace…




