Los cruces de caminos guardan, en ocasiones, itinerarios inesperados que uno nunca tomaría si se lo pensara dos veces. De un encuentro casual y de un viaje inspirador nació una historia que hoy une Valladolid con ciudades guatemaltecas como La Antigua (en el departamento de Sacatepéquez) o San Pedro de Yepocapa (departamento de Chimaltenango).
El protagonista del viaje inspirador no es otro que el vallisoletano Jose Pérez Carbonero, que buscando un giro motivacional en su vida partió a recorrer América Latina, tropezando en Centroamérica con el proyecto Rekko, del italiano Gian Carlo Noris. Automáticamente vislumbró oportunidades de potenciar su actividad con el soporte del grupo de amigos de su ciudad, y convenció a otros pucelanos para lanzarse a un proyecto enfocado en el apoyo a centros de salud y en la gestión de proyectos educativos (cuentan con una pequeña escuela).
Para conseguir plasmar en Guatemala todas las ideas de cooperación que surgían, en 2017 se creó oficialmente la asociación Rekko Ibérica (que funciona como filial de la matriz italiana). “Se intenta que todos los niños que salgan de nuestra escuelita dispongan de becas para seguir estudiando en un colegio privado”, cuenta Andrés Alonso Ran, presidente de la ONG, “para que todo el trabajo que se ha realizado con ellos tenga una continuidad”. Tratan de fomentar el estudio, resume el cooperante, “porque muchos abandonan, acaban trabajando en el campo”.
Comprender la situación familiar de los menores en algunos de los países de la región puede resultar complicado desde España. Lo cierto es que su realidad los lleva muchas veces a tener que verse obligados a aportar mano de obra para poder llevar más dinero a la familia. De esta forma, se echa a perder el proceso educativo formal, en la mayoría de los casos, y se pone en riesgo la salud de los niños, por vivir vidas de adulto a muy temprana edad.
Sobre el terreno, junto a Pérez Carbonero, trabaja un equipo de voluntarios, todos ellos docentes y sanitarios. Más de cuarenta personas voluntarias han viajado a Guatemala para apoyar los proyectos durante estos nueve años de camino.
El intercambio cultural es clave en esta iniciativa también, por eso otra de las líneas de trabajo se basa en poner en contacto a colegios de zonas rurales vallisoletanas con colegios de zonas rurales guatemaltecas. Se han creado sesiones de elaboración de murales o montajes teatrales aquí y allá, con temáticas que repasan escenarios comunes, como la inmigración y la integración: este trasvase de información y conocimiento enriquece las aulas a ambos lados del Atlántico.

Así mismo, en escuelas de ambas geografías se ejecutan tareas de concienciación ambiental, de cuidado del entorno y de exploración de los peligros a los que se ve sometido el medio ambiente.
Rekko Ibérica consigue los fondos para los proyectos mediante tres vías: a través de particulares, partiendo de un cuidado sistema de apadrinamientos (“centrado en un desarrollo integral en salud, educación y entorno de protección y seguridad en la familia”, explica Andrés Alonso); actividades solidarias de todo tipo, y también a partir de subvenciones de instituciones públicas.
Dentro de poco la asociación cumplirá una década de esfuerzos, y, aunque a veces se pone todo cuesta arriba, la ilusión no deja de ir en aumento. Cada vez más colegios se unen al intercambio cultural con Guatemala, prueba de ello es que las actividades están empezando a adentrarse en las provincias de Burgos y de Palencia. Buscan llegar a toda Castilla y León, y seguir sensibilizando a la población respecto a la importancia de mantener los lazos con un pueblo hermano como el guatemalteco.
V.D.L.




