Las cosas no surgen de la nada… Yo pienso que a menudo por desconocimiento, o por este egocentrismo que a veces tienen las nuevas generaciones, se piensa que todo empezó al levantarse de la cama, y que todo lo conseguido con tanto esfuerzo, como el sufragio universal, las libertades individuales, la igualdad, ha surgido así, por arte de magia… Pero no, el mundo es mucho más complejo que eso, y para que ahora muchas mujeres disfrutemos de tantos derechos como tenemos y nos merecemos otras tantas se dejaron su vida, literalmente, para ello… Y a esas a menudo se las invisibiliza en detrimento de corrientes más modernas, que a mi juicio, distorsionan bastante lo que es la esencia del movimiento feminista…
Mujeres rurales que tenían que fragmentar sus vidas entre trabajo, el duro trabajo del campo, con todo lo que implicaba la labranza, el ganado y un sinfín de tareas, por las cuales no eran reconocidas y mucho menos remuneradas pues la supervivencia, en aquellos años de posguerra, era lo que importaba por encima de cualquier cosa… Y si a eso se le sumaba una dura realidad de sacar muchos hijos adelante, aguantar a maridos o a una sociedad que silenciaba sus problemas, pues todo estaba teñido de adversidad… Mujeres como mi abuela materna, en la que siempre pienso cuando me viene a la mente la palabra feminismo, fueron las que indirectamente aún sin buscarlo, consiguieron muchas de las igualdades que ahora gozamos… Esas mujeres silenciosas, que enfrentaron desafíos de la vida, y, sobre todo, por su condición de ser mujeres, que tenían que ir a misa solo porque el jefe o jefa de la casa, donde prestaban servicio doméstico, se lo imponía… Mujeres que vivían calladas, intentando salir adelante, para después sacar lo que tenían… Ese es para mí el feminismo real, porque está muy bien dar visibilidad, pero yo creo que las verdaderas feministas no son las de la pancarta, son las de los hechos




