Desde la Coordinadora Rural Zamora, en referencia a los incendios que están asolando la provincia de Zamora, provincias limítrofes y otros puntos de Castilla y León, sentimos rabia. Sentimos el engaño y sentimos la rabia porque después de lo sucedido hace tres años en los incendios de la Sierra de Culebra (hay que recordar que fueron dos de los incendios más grandes de la historia de España), que ocurrieron con un intervalo de un mes en la provincia de Zamora, no ha pasado nada, no ha tenido lugar ningún cambio.
Tanto la Junta de Castilla y León como la Diputación, en este caso de Zamora, llevan tres años contándonos cuentos, repitiéndonos que se estaban haciendo muchas cosas, que vendrían muchos cambios, que esto no volvería a repetirse, que lo que sucedió fue excepcional. Pero ahora vemos que se ha repetido todo en iguales condiciones e incluso peores.
Y todo esto, todo este engaño, nace de la soberbia que tienen estas administraciones. Durante todos estos años, tanto bomberos forestales como colectivos sociales y gente que vive en los pueblos hemos estado advirtiendo que no había cambios significativos en el dispositivo antiincendios de la Junta de Castilla y León. Se trataba simplemente de cambios estéticos y en muchos casos incluso solamente de cambios propagandísticos.
Por eso creemos que los incendios de 2022 se cerraron en falso. No se asumió ningún tipo de responsabilidad desde quien tiene la competencia, que es la Junta de Castilla y León. La Junta echa continuamente balones fuera: la culpa es de todos menos de ella. Ni se asumieron responsabilidades ni se tomaron medidas. Ahora arde sobre lo ya ardido.
Y se lo permiten. Se lo permitimos. La Junta no tiene intención de mejorar, no tiene intención de destinar más recursos en mejorar estos dispositivos antiincendios y en mejorar las labores de prevención. Teníamos todo cogido con alfileres, y nos hemos caído con todo el equipo. De hecho, desde la Coordinadora Rural hemos insistido mucho en que la Junta de Castilla y León es de las que menos invierte en prevención forestal, está muy por debajo de la media en el tramo 2008-2020. La inversión es maquillaje.
Nos han engañado durante tres años, no han tenido intención de mejorar nada pese a las advertencias lanzadas desde distintos colectivos. Toda esta soberbia de las administraciones nos lleva a que repitamos lo que ya sucedió hace tres años. Y todo esto forma parte de un modelo en el que creemos que se está despreciando mucho a los pueblos. Se desprecia desde las administraciones retirando servicios y provocando situaciones con los pueblos que serían impensables en otros territorios.
La Junta de Castilla y León consideraba un despilfarro mantener el operativo antiincendios activo durante todo el año. Porque somos pueblos, y porque en los pueblos parece que vale todo, y esto no es así. En una ciudad no se plantea nadie que un dispositivo de bomberos, por ejemplo, trabaje a un 20 % desde septiembre hasta junio y luego un 100 % a partir de junio. Y hay que tener en cuenta que cuando hay un incendio en los bosques, los pueblos están en riesgo, las personas están en riesgo.
Tristemente lo hemos visto con los fallecimientos de personas tanto en 2022 como ahora. Por lo tanto, esta racanería de las administraciones en prestar servicios públicos a los pueblos se hace simplemente porque se tienen actitudes que son impropias en otros territorios. Igual que todo vale, por ejemplo, si hablamos de sanidad, con la falta de profesionales que hay en los pueblos. En los pueblos de Castilla y León están ejerciendo muchos médicos sin titulación MIR.
Por lo tanto, si queremos que esto no se repita, si queremos que las políticas cambien, que las políticas con los pueblos cambien y se los valore lo suficiente, que se nos presten los servicios, en este caso el servicio de prevención de incendios, la sociedad tiene el reto de activar una fortísima presión social. Una presión para quienes están en las administraciones (Junta de Castilla y León, Diputación de Zamora, alcaldes y concejales de pueblos), para que en un momento dado valoren y pongan encima de la mesa qué es lo que les interesa más: el bien de sus partidos o el bien de la ciudadanía.
Si tanto la calle como los que están en las instituciones no son conscientes de que lo primero somos las personas que estamos en los pueblos, va a ser muy difícil que la Junta de Castilla y León cambie. Pero si somos capaces de ejercer una presión sensata y coordinada, desde los colectivos sociales y también desde dentro de las estructuras políticas, conseguiremos que haya cambios reales.
Chema Mezquita (presidente de la federación Coordinadora Rural Zamora)




