Ecologistas en Acción y la Federación de Asociaciones Vecinales Antonio Machado analizaron este lunes el proyecto municipal de renaturalización de la Esgueva en su tramo urbano de 3.5 kilómetros a su paso por Valladolid (puede consultarse en este enlace): una actuación de cuatro meses con el sello de Aquavall que alcanza los 400.000 euros si se incluye el IVA, la dirección de obra y la coordinación de seguridad y salud.
Joaquín Romano fue el encargado del análisis por parte de la organización ecologista. El proyecto (hay otro para el río Pisuerga) no está mal, explicó, pero consiste básicamente en limpieza. No plantea mejoras estructurales: “No va a resolver los actuales problemas de la Esgueva, ni afronta las causas de los mismos”.
Margarita García Álvarez, presidenta de la Federación de Asociaciones Vecinales Antonio Machado, se refirió al plan municipal de renaturalización de la Esgueva como “un lavado de cara muy somero”. Antes, ambos protagonistas ya lo habían denominado “proyectillo”, “una cosilla de limpieza” o algo que “de proyecto tiene muy poco”.
Si se trata de una mera limpieza, las dos organizaciones coinciden en que esto podría realizarse directamente desde el Servicio Municipal de Parques y Jardines, sin necesidad de dedicar un presupuesto extra de estas dimensiones. Según García Álvarez, sin embargo, hay una dificultad fundamental: “Parques y Jardines no tiene personal propio. Tiene dos contratas: la del norte y la de sur, que hacen lo que quieren porque no hay supervisión”.
La presidenta de la Federación Vecinal informó de que a esta charla en cuestión había sido invitado el técnico del proyecto, pero la concejalía de Medioambiente se negó a participar.
Propuesta de reformas estructurales
En el turno de preguntas de la charla, al ser consultado sobre cuáles serían las medidas estructurales que propondrían para la Esgueva desde Ecologistas en Acción, Joaquín Romano las resumió en tres: más elementos físicos de protección para vertidos, para que los residuos no acaben en el río; sustituir el llamado paseo de los perros por un área donde gane espacio la propia vegetación del río, y recuperar la idea de la producción eléctrica en la desembocadura: sería viable utilizar la energía para iluminar el propio cauce o algún barrio cercano.
De la fauna (además de patos puede avistarse algún martín pescador, o distinguirse truchas y algunas pequeñas especies autóctonas bajo las aguas), poco o nada se habla en estos estudios del Ayuntamiento. Es un aspecto completamente dejado de lado. A este respecto, en la velada se comentó que este jueves 28 el grupo ECO del centro sociocomunitario El Barco de la Esgueva, junto a Ecologistas en Acción y con apoyo de la Federación Vecinal, inaugura una exposición (c/ Vega, 18) surgida de recorridos de observación por el cauce llamada “Una mirada desde el barco en torno a la Esgueva”.

Un río que debería cuidarse más
Fue en 1908 cuando se aprobó el proyecto de desvío del cauce natural de la Esgueva. Del centro de la ciudad se llevó hasta la ubicación actual, fuera del área urbana de la época. Sus aguas se habían convertido en una cloaca. Allí encontraron una utilidad: encauzadas en un canal de hormigón daban servicio a una minicentral eléctrica, y, en menor medida, facilitaban algún servicio de riego.
No había, en aquella decisión, ninguna visión ecológica ni medioambiental. Tuvo que pasar casi todo el siglo veinte hasta que Valladolid se volviera a acordar de la Esgueva. Entre 1990 y 1992, aprovechando programas europeos, se acondicionó el cauce, se construyeron más puentes y pasarelas, se creó una imagen más amable del entorno, en lugar del canal de hormigón original.
En estos trabajos, recalcan desde Ecologistas en Acción, no se abordó correctamente ni la desembocadura ni la interacción entre el cauce y la vegetación. Tampoco el riesgo de desbordamiento, sobre todo en Pajarillos Y Barrio España, que se tiene que resolver fuera de la ciudad, en las denominadas llanuras de inundación.
V.D.L.



