El primer cadáver oficial (es decir, desde que se tienen datos) nos remonta al año 2001. El esqueleto incompleto de una osa fue encontrado por dos excursionistas en La Lastra (Palencia). La organización no gubernamental Ecologistas en Acción recuerda que, en aquella época, la Junta de Castilla y León, con el director del Parque Natural Montaña Palentina como portavoz, lanzó la idea de que se trataba de una osa que no era un ejemplar cantábrico, sino de otra población europea que se había escapado de un circo. El Museo Nacional de Ciencias Naturales no tardó en confirmar que era un ejemplar de la población cantábrica.
El mismo director del Parque afirmaba después que no se trataba de un envenenamiento como tal, sino que la osa había ingerido productos de la huerta de un pueblo, tratados con sustancias habituales en el trabajo hortícola, y que eso podría haberle afectado. Declaraciones que, en ambos casos, “rozan el esperpento y dejan en muy mal lugar al que las hace”, según la organización ecologista. Difícil de argumentar, mediante esta vía, los al menos dieciocho cadáveres encontrados en lo que va de siglo.
En los últimos años se computan sospechosas muertes por causas desconocidas y osos que sobrevivieron a trampas con lazo. Han sido años de lucha para que se redujeran a la mitad, por ejemplo, las cazas colectivas de jabalíes dentro del Parque Natural Montaña Palentina. Por todo esto Ecologistas en Acción ha decidido publicar el informe La mortalidad del oso pardo en la Montaña Palentina. La organización conoce la problemática de primera mano, pues está representada de forma activa tanto en la Junta Rectora del Parque Natural como en la Junta Consultiva de la Reserva Regional de Caza de Fuentes Carrionas, que gestiona directamente la Junta de Castilla y León. En ambos estamentos los ecologistas han plantado cara y han apremiado a tomar medidas para la reducción del número de muertes no naturales de osos pardos.
En el desarrollo del estudio, se confirma que los cotos de caza sufren una fuerte presión con la actividad cinegética legal y también con la furtiva que, sin duda, afecta de forma directa o indirecta al oso pardo. Los cazadores suelen declarar, en su defensa, que es muy fácil confundir a un oso con un jabalí y dispararlo. La disminución de las cacerías es un factor determinante en la estabilización y ligera evolución positiva de la especie. Esto también demuestra, explica el informe, que el oso no necesita de las ingentes cantidades de dinero que se destinan anualmente en programas, “muchas veces absurdos, que financian más bien a las Administraciones y Fundaciones”; solo les hace falta tranquilidad, alimento y refugio.
Ecologistas en Acción pone en duda, además de la estrategia de preservación y también de comunicación de la Administración Pública, la cifra estimada en 2020 de 120 osos en la subpoblación oriental, ya que “apenas se censaban 20 ejemplares una década antes”. Un par de años después de esta estimación, por si fuera poco, el consejero de Medio Ambiente de Castilla y León comentó que la cifra de osos en esta zona podría rondar los 160 ejemplares. “Ni las especies con mayor estrategia reproductiva podrían evolucionar de esa manera”, señala el informe de la organización ecologista. “Los datos de hembras con crías en esta población oriental (entre cuatro y seis) no son de ninguna forma compatibles con esos 120 ejemplares de población que se citan”. Calculan que las cifras reales podrían estar en torno a la mitad.
La conclusión fundamental que podría extraerse de lo expuesto es que, efectivamente, los osos en el Oriente de la Cordillera Cantábrica en general, y en la Montaña Palentina en particular, mueren mayoritariamente por causas humanas.
La población de osos de la Cordillera Cantábrica es, con elevada probabilidad, la de mayor mortalidad no natural en todo el mundo y donde mayor cantidad de osos muertos se encuentran. Esto puede deberse a las características propias de esta población y su hábitat tan humanizado. No se debe olvidar, recuerdan desde Ecologistas en Acción, que se desconoce cómo, cuándo y dónde finalizan los osos su periodo vital de manera natural: en el momento en que su vida se apaga (sin intervención de fuerzas externas), no se suele localizar los cuerpos.




