Polilla presenta nueva camiseta y eso hay que celebrarlo como Dios manda, aunque sea a la hora del desayuno en una alborotada cafetería del centro de Valladolid. Buscamos saber cómo nació la idea de este y de los anteriores diseños de una de las marcas más atrevidas, arriesgadas e iluminadas de nuestra geografía.
El último modelo creado por Alezeia F.V. y Claudia Sanz es una oda a la paz que uno siente cuando termina de trabajar, y un corte de mangas al síndrome del trabajador quemado y al estrés laboral. En este caso, se les encendió la bombilla cuando vieron unos diseños de Funkez, que es tatuador. “Su texto original eran cosas que le impedían su trabajo como freelance”, explica Claudia, “y nosotras pensamos en ver cómo hacíamos esto en Polilla”. Adaptaron la idea, dieron una vuelta al tema, siempre intentando que no quedara muy serio.

El viaje de Polilla, que ya ha generado toda una comunidad de seguidores, nació hace poco más de dos años. Se les ocurrió la idea tras hacer un par de camisetas de regalo para una amiga y un amigo. Se les daba bien, pero en ningún momento pensaron en hacer un negocio de esto. “Nos dio mucha energía, fue muy chulo, nos motivó mucho. También es verdad que en la época no teníamos ninguna motivación vital, y esto nos dio un poco de ganas de vivir”, bromea (o no) Alezeia.
El primer mes de actividad fue electricidad pura: lanzaron cuatro modelos de camisetas y organizaron una fiesta de presentación. “Decíamos cualquier bobada (porque decimos muchas) y se nos ocurría una camiseta”. No tardaron en toparse con las curvas de lo que nunca pensaron como negocio.
Se les menciona su ritmo, digamos, reposado, y se rebelan, se indignan. Para Claudia sería más bien ritmo “orgánico”. Alezeia apuntilla y niega la mayor: “Pero si estamos loquísimas, lo sacamos todo rapidísimo”. La realidad es que, efectivamente, querrían ser rápidas, pero este proyecto es algo al margen de su vida laboral, y supone un esfuerzo extra, con una inversión que, por ahora, calculan milimétricamente. Por eso tratan de explotar la venta directa y la presencia en ferias y mercados.
Esos esfuerzos agotan a cualquiera y ellas no son ajenas a esta realidad. “Nuestra salud mental pende de un hilo dental. ¿Polilla ayuda o desayuda? No se sabe. Es la verdad y nada más que la verdad”. Se suelen rodear de gente, o eso al menos sospechan ellas, en el mismo estado de nervios. “Cuando nos pasa una desgracia, decimos, ¡bah, camiseta de esto!”, reconoce Claudia. “La de ´menos dramas, más bocatas´ soy literalmente yo”, asegura Alezeia. Como les pasa de todo, se ven con la potestad de meter caña con todas las bromas que les de la gana. Se ríen del “salario emocional”, de las empresas que te dicen “somos una familia” y de los “seres de luz”.
Polilla son una pareja inimitable que antes de que eches un vistazo a los modelos que cuelgan de las perchas te sirven un chupito. A partir de entonces, tienen el control sobre ti. Son esa pareja capaz de tunear la foto que ha hecho el entrevistador para la propia entrevista, y convertirla en ilustración. Son, a la vez, incapaces de nombrar a sus artistas preferidos de Valladolid, porque tienen muchísimos y grandes amigos. De modo que deciden, con frialdad medida, no nombrar a ninguno en concreto para no tener problemas en caso de olvidarse de alguien. “Nuestro artista pucelano favorito es el difunto abisinio de Cubero”.
No pueden separar lo que son como artistas, de sus creaciones, por eso plasman en sus diseños casi todo lo que les inquieta, les preocupa y les sucede. Igual que les resulta complicado separar el arte y el artista en la mayoría de los casos. “Bueno, a mí me gusta Polanski”, confiesa Claudia. “Las películas de Polanski son increíbles, pero, claro, no puedo decir que me gusta Polanski”. En Polilla nunca podrían colaborar con otro artista si no existiera una conexión personal y si no les apeteciera a nivel humano. Alezeia no entra en el debate. Uno de sus pocos vicios ocultos de la ilustradora es Ana Mena, que, de momento no está cancelada: “Dale tiempo”.

V.D.L.




