En lo que fue, sin lugar a dudas, uno de los conciertos más importantes de la carrera de Delameseta (de los ofrecidos en Madrid, el más icónico junto al de la pradera de San Isidro), la capital de España se convirtió en el epicentro del folclore de la península Ibérica, con amplia presencia castellanoleonesa.
Todo dentro de la programación del festival Folklores: cuatro días que han reunido a artistas consagrados, nuevas generaciones de músicos, investigadores, alumnado y público de todas las edades. Lucía López-Enrique y Santi Sierra, con Laura Silva completando el formato trío, revolucionaron el sábado y con su LP Al baile por ver amores a cuestas colaboraron en la demostración de la fuerza de un patrimonio cultural vivo y en constante transformación.
Delameseta nadó a favor de corriente con la electricidad de un buen número de fans que bailaba y llenaba la almendra central de la sala Galileo Galilei. Comenzaron con la dulzaina de La entradilla, y brillaron sobre todo con Lindos colores y Para que me rondes. Para mantener la intensidad, invitaron a subirse al escenario a Ismael Clemente, de Ursaria, que sumó su voz, y a Kike Arias y Conchi Jiménez, que regalaron una clase maestra de jota castellana.
Hubo tiempo hasta para que Santi brindara con una caja de campurrianas, porque ya estaba entrando el hambre y porque estaba feliz, y esa felicidad logró contagiarla entre los asistentes. Razones tenía a montones: la apuesta de Delameseta gana adeptos, se consagra; ha demostrado ser necesaria, honrar con respeto a las raíces castellanas, unir generaciones.
Y es que buena parte de la carga emocional del concierto, sobre todo la del éxtasis final con Rondadora, tiene que ver con esa unidad y con el hermanamiento de Delameseta con emblemas como las mujeres de la asociación Pandero Cuadrado de Peñaparda, otras de las protagonistas del festival Folklores, que habían abierto la noche un par de horas antes.
Escribiendo la historia en Peñaparda
El festival Folklores está impulsado por la Fundación Música Creativa, con la colaboración de la Sociedad de Artistas Intérpretes o Ejecutantes de España (AIE), la Fundación Nadine y la Escuela de Música Creativa. En la sesión de este sábado 30 de mayo, la periodista Sonia Frías (Círculo de Bellas Artes/ Entrelares) presentó a Sonia Luchena, codirectora (junto a Laura Obiols) de lo que será el documental Viva quien canta y quien baila, dedicado a las mujeres de la asociación Pandero Cuadrado de Peñaparda (Salamanca). En el escenario, junto a ellas, una pequeña pero orgullosa representación de la tradición peñapardina.
Las mujeres de Peñaparda bailan, cantan y tocan el pandero cuadrado a dos manos (con una porra). Juana es la luthier que guarda la fórmula secreta: “Yo había visto panderos de Peñaparda, sí, pero ese sonido que yo tenía en mi interior no lo oía cuando escuchaba esos panderos”, comentó durante el coloquio. “Algo hacían las mujeres que los fabricaban antes que no hacían los que los fabricaban ahora”. Cada piel es distinta, señalaban todas, “porque cada cabra es diferente”.

Hace veinticinco años decidieron fundar la asociación, “para preservar la tradición”. Pensaban que se podía perder, y, de hecho, si no llega a ser por ellas se hubiera perdido irremediablemente. “Las mujeres se iban casando, dejaban el pueblo”. Peñaparda, según contaba Toñi, la presidenta de la asociación, sufrió el impacto de la emigración (los hombres se iban a trabajar a bosques del sur de Francia). Las vecinas y los vecinos habían parado de bailar. Ahora el futuro sigue nublado (muchas de las chicas jóvenes que deberían continuar la costumbre, se fueron a las ciudades), pero por lo menos hay algo de luz.
Sobreviven en Peñaparda unos trescientos habitantes según el último censo. Además de las presentes, en representación de todos ellos aparecieron en pantalla, en un adelanto del documental, Emilia y Santiaga, de 86 y 90 años respectivamente: su desternillante conversación augura un buen rato de cine en cuanto la obra esté lista (parece que quedan unos meses).

Todas las mujeres protagonistas del sábado acabaron sobre el escenario, acompañando al grupo vallisoletano. El abrazo musical fue improvisado, pero ambas partes se conocían de antes: Delameseta tuvo la oportunidad de visitar esta localidad salmantina cuando pasaron a recoger un pandero cuadrado que le habían encargado a Juana (el que hizo sonar Laura Silva durante el concierto). El mejor ejemplo de que, entre todas, lo mantienen vivo.

Víctor David López



