Lucía López-Enrique (Valladolid, 1999) y Santi Sierra (Valladolid, 1993) revisitan el folclore castellano y lo llevan a rincones que el propio folclore, asustadizo él, nunca se hubiera imaginado. Juntos formaron hace poco (hace nada) Delameseta. Recuperando la raíz, respetando la tradición y jugando con los estilos con los que jugaron durante décadas nuestros ancestros; porque al fin y al cabo el baile es una manera de festejar, de manifestar alegría, de divertirse.
Este jueves 27 de noviembre serán unos de los protagonistas de una nueva sesión del ciclo UVa Sound Talks titulada “Folk: de las raíces a la revolución. La fuerza de los tradicional en el escenario contemporáneo”. La cita, organizada por la Universidad de Valladolid a través del Centro Buendía, será a las 18:30 h en el Paraninfo de la Facultad de Derecho (entrada libre hasta completar aforo). La etnomusicóloga y percusionista Xulia Feixoo moderará un coloquio en el que también participarán El Nido y Vanesa Muela.
Social24Horas conversa con Lucía y Santi, horas antes de este encuentro donde repasarán su conexión con los ritmos tradicionales castellanos.
PREGUNTA. ¿De qué mundos musicales venís cada uno para aterrizar en Delameseta?
RESPUESTA. Santi: Yo vengo de estudiar música desde pequeño, gracias a que mis padre se interesaron en que me formara como músico. A mí me gustó y me enganché a eso. Lo que pasa es que mis estudios de músico no tienen que ver con la tradición ni con el folclore, ni tampoco con la música popular urbana. Son estudios de música, digamos, académicos: de lenguaje musical, de armonía, de repertorio clásico.
P. ¿Dónde estudiaste?
R. Santi: Yo estudié en una academia de música vallisoletana que se llama Castilla, y luego he estudiado Musicología en la Universidad de Valladolid. Ahí se abrió el mundo de la música.
P. ¿Y tú, Lucía?
Lucía: A mí, al contrario que a Santi, me pasaba que de pequeña escuchaba más a Eliseo Parra que a los grupos que sonaban en la radio en el momento. En lugar de Estopa, yo tenía a Eliseo Parra.
P. Oye pues el primer disco de Estopa no está mal, también es un poco de folclore, te lo recomiendo.
R. Lucía: Es que tengo un recuerdo supergrabado de estar terminando de comer en el comedor de colegio, cuando nos íbamos a jugar, y que unos amigos estuvieran cantando una canción y me dijeran ¿no te la sabes? Era de Estopa. Pero los discos que yo tenía en la habitación eran de Luar na Lubre y Eliseo Parra. Mis padres no son unos friquis del folclore pero han estado siempre metidos en ese mundo, y a mí es lo que me fascinó. Yo soy bailarina, y empecé a bailar porque estaba en el grupo de coros y danzas de la Pilarica, que es mi barrio. Ese es el mundo en el que yo me he movido en la infancia. Luego ya empecé a estudiar danza española en la Escuela Profesional de Danza de Castilla y León.
P. ¿Y cómo os conocisteis los dos?
R. Santi: A raíz de compartir espacio en Andén 47. Tanto Lucía como yo estábamos en dos residencias artísticas: ella con su proyecto de danza y yo con mi proyecto de circo y mis movidas un poco más escénicas. Allí nos conocimos. La escuché cantar y se me despertó sin querer el plan de trabajar juntos.
Lucía: Fue muy guay. Yo conocía un poco el trabajo de Santi porque bailé en una coreografía de uno de mis mejores amigos en la que Santi hacía la producción musical. Me fascinó el trabajo. Es una cosa muy reciente, después del confinamiento.
P. ¿Por qué creéis que en España los estilos más tradicionales de nuestra música no se han conservado como deberían; algo que sí ha pasado en América Latina? Por el camino algo se rompió.
R. Santi: Son muchas cosas, es difícil contestar a esa pregunta en dos minutos, pero por lanzar algunas ideas diferentes, yo creo que en España ha habido un proceso de lucha entre modernidad y tradición: en un momento dado los jóvenes ven la modernidad como desvincularse de su cultura tradicional y abrirse a otros estilos que venían de fuera, especialmente del mundo anglosajón. Excepto ciertas corrientes que hubo de folk, a la mayoría de jóvenes a partir de la transición, incluso en los últimos años del Franquismo, lo que les interesa es abrirse a lo nuevo, esa visión de abrir la mente a las cosas nuevas, lejos del pensamiento más tradicionalista. Ahora se está dando la vuelta a la tortilla. No es la única razón, habría que hablar mucho de este tema.
Lucía: El folclore, además, no supo reinventarse después de la dictadura, y estuvo superconectado a ella. Se convirtió en un instrumento político para mantenernos ocupados. Se crearon hasta pseudo-olimpiadas del folclore para que de repente un pequeño pueblo de Burgos pudiera ir a representarnos a las exposiciones universales. Todo lo que estaba unido al Franquismo, con el cambio de sociedad se echó por tierra. El flamenco, que en ese momento estaba empezando a despegar, sí que supo darle ese cambio y meterse dentro de la nueva era.
Santi: En relación con América Latina, España no ha sabido tomar elementos de la tradición para crear géneros nuevos. Al final, la cumbia, la salsa y otros géneros latinoamericanos toman elementos de los folclores, pero homogeneizan y crean una cultura en la música popular urbana dentro de los códigos de la radio y de la industria discográfica, y eso en España no ha pasado hasta ahora.

P. A lo mejor tiene que ver también con que algunos de esos géneros de América Latina estuvieran más arraigados en las ciudades, y estos géneros nuestros tenían más tirón en las zonas rurales, y son otras víctimas de la España vaciada.
R. Lucía: Por supuesto. La gente, cuando tenía que dejar el pueblo porque no había futuro y tenía que irse a la ciudad, pues claro, nadie quería que le dijeran que era de pueblo. En esa cosa de pretender, se dejan de hacer cosas por vergüenza, y algunas de esas cosas son cantar y bailar. Además, lo que se está cantando y bailando en las ciudades es otra movida completamente diferente
P. Vuestra propuesta es una buena bocanada de aire fresco, como la que supuso para el tango, por ejemplo, la irrupción de Gotan Project a comienzos del siglo XXI.
R. Santi: Toda esta tendencia de principios de siglo, como los que mezclan cumbias o sonidos indígenas y selváticos con música digital electrónica, ha generado un boom que ha cruzado todo el mundo y ha inspirado e influenciado a mucha gente, y yo me incluyo en eso. El punto de partida de todo esto es América Latina. Está todo inventado.
P. Me interesa mucho también qué opinan de vuestro trabajo los más puristas del folclore, porque hasta Camarón recibió palos en su momento.
R. Santi: ¿Qué es el purismo del folclore? Porque hay muchos tipos de purismo de folclore. Al final, un grupo de coros y danzas que baila jotas no deja de ser una recreación, una muestra escenificada de folclore. El único caso en el que alguien podría criticar desde el purismo sería desde el purismo etnográfico, si no se estuviera respetando una fuente. En ese sentido, la mayoría de los comentarios que recibimos son positivos, porque demostramos que lo estamos haciendo con cuidado y con respeto, y sabiendo cómo utilizar ese material. Que luego no te guste, es legítimo, porque al final es un producto artístico.
Lucía: Una cosa que ven muy bien estas personas que dicen que conocen de verdad la tradición, es que dentro de que la sonoridad es contemporánea (y es una de las cosas que me gusta de Santi), si es una jota, suena a jota. Toda la envoltura de la producción está a favor de ese ritmo. También hemos querido (y si lo hemos roto ha sido a posta) mantener siempre las estructuras del baile. Que si está sonando un charro, una seguidilla, una jota o un agudillo, se pueda bailar de manera tradicional. Esto te hace conectar con los que ven de una manera tan radical la tradición. Estás manteniendo las cosas, lo único es la propuesta estética sonora. Es ahí donde entra el gusto, pero nadie podrá decir que estamos siendo irrespetuosos, o que no estamos queriendo comprender cómo funciona eso.
Víctor David López




