La cobardía humana es un hecho, yo creo que eso casi nadie lo puede cuestionar. Bien cierto es que lo del miedo tiene que existir por adaptación al medio y por supervivencia. Si no tuviésemos miedo, estaríamos condenados poco menos que a la extinción, pero es que la valentía en algunas personas brilla por su ausencia.
Mucha gente, y mucho más en esta sociedad virtual en la que vivimos, es cobarde y se esconde. Se esconde detrás de pantallas: esconde su propia identidad, esconde hasta sus sentimientos y, cómo no, esconde hasta sus deseos.
Me han preguntado demasiadas veces si cuando tienes una identidad de una red social, la gente que tanto cree conocerte verá en ti las proyecciones de su propio ser. Tal vez lo que ellos les gustaría hacer. Pero lo que es cierto es que cuando te insultan, cuando se meten contigo, lo hacen refugiados bajo un pequeño cristal.
Probablemente sentados en el sofá de sus casas, o en el trabajo. ¿Cuántas de esas personas que hay en las redes sociales te dirían cara a cara todo lo que despotrican de ti tras la protección de un móvil?
Creo, firmemente, que esa superioridad del anonimato que te otorga la identidad virtual no solo esconde una gran cobardía, sino también puede ser el salvoconducto para ocultar ciertos, por así decirlo, trastornos de tipo psiquiátrico. Alguien cuya química cerebral funciona razonablemente bien, con la salvedad de que todos podemos presentar ansiedad, o alguna de estas emociones, no insulta de ese modo, no te juzga solamente conociéndote por un par de fotos o vídeos.
En fin, y luego ya no hablemos del dichoso “ghosting”… Hoy en día es muy fácil desaparecer de la vida de alguien, y eludir las incómodas explicaciones.
Botón de bloquear, y todo se terminó.
Sí, menuda sociedad estamos creando. En la edad media se usaban escudos, y ahora el escudo es la pantalla.




