Guille Jové nos escribe a todos y le canta al terruño. Está en buen momento, satisfecho con el álbum Apuntes para un territorio (librodisco), al que piensa añadir alguna vida extra para seguir dando vueltas con él a cuestas algunos meses más. Contesta al teléfono para hablar con Social24Horas desde Amayuelas de Abajo, en la Tierra de Campos palentina, con un campo de girasoles al fondo. Así es el cuadro.
Dentro de unas horas vuelve a Valladolid para abrir el ciclo Música con Equis (XXV aniversario de Xtrañas Producciones) en el Patio de la Hospedería. Comparte escenario con Bringas este martes 21 de julio desde las 20:30.
P. ¿Los castellanos necesitamos pisar más nuestro territorio? ¿Pisarlo con mayúsculas y sentirlo?
R. Sí, y hay mucha cosa detrás de todo eso, las reinterpretaciones que se han hecho desde el siglo XIX de lo que era Castilla. Incluso la Generación del 27, con Machado y los Campos de Castilla, una cosa que era solo meseta. Desde el punto de vista de la geografía física, estaban obviando la parte castellana de montaña. Cuando Madrid era Castilla, Guadarrama era un elemento central, igual que la Sierra de la Demanda entre Burgos y Soria, o la Montaña Palentina ya lindando con Cantabria. Y desde el punto de vista de lo emocional, la gente ya está preparada para marcharse. Ya ni duele. En otros sitios quizás hay un duelo detrás de cada uno que se tiene que marchar; aquí es lo natural. Hay que volver un poquito a reivindicar la manera de ser y de estar aquí en el territorio, y ponerlo en valor.
P. En la canción Ciencia o poesía, la que abre Apuntes para un territorio, dices eso de “me sigue pareciendo un milagro”. ¿Cuáles son los pequeños milagros del día a día de Guille Jové?
R. A veces lo que te rodea de repente te fascina, y siempre ha estado allí. La frase me surgió un verano volviendo del pueblo de mis padres a Valladolid capital, con una luna llena increíble y gigante flotando en el cielo. O los páramos. Todos los años que estuve de profesor en Soria, esos páramos prácticamente yermos, con cuatros sabinas, son otro milagro.
P. Ese pasado soriano, como Machado, al que mencionabas.
R. Casi tres cursos allí, entre El Burgo de Osma, San Leonardo y Almazán. Me gustó mucho la provincia. Volví enamorado.
P. Tu música emana calma. ¿Tu espacio de trabajo es en calma también, como se puede imaginar?
R. Casi te diría que ha sido un poco mezcla de cosas. Ha habido partes de calma, por ejemplo cuando empecé a componer, que estaba en esos pueblos de Soria; pero a la vez vitalmente para mí eran tiempos convulsos, porque estaba fuera de casa, trabajando de profesor interino, cada curso de sitio. En los años en los que preparé ese disco ha habido entre cuatro o cinco mudanzas. Recuerdo componer bastante en el caos, rodeado de cajas. Quizá porque en casa tenía ese caos las canciones han salido calmadas, reivindicando lo que afuera sí que era estable.
P. De todo esto nace también el proyecto Peleando por vivir.
R. Es de las primeras canciones que salió de este disco. Con mis discos he tenido la suerte de tocar en muchísimos pueblos, de ir conociendo a gente por el camino. La Castilla que yo quiero y que me imagino ya está aquí. Si los cogiéramos como referentes, y no a otros, podríamos construir un territorio muy interesante. Los fui conjuntando a todos, me gustaba la historia de que todos ellos son parte ya de mí. Es un homenaje a ellos y también un manifiesto.
P. Hablabas antes de la Generación del 27. Dentro de poco se cumple un siglo de aquello, y Valladolid tuvo presencia. ¿Si pudieras nombrar y elegir a los que forman la generación que recupera el folclore castellano en el siglo XXI, quiénes la formarían?
R. Se abre el melón en este siglo con El Naán en Palencia, que beben de todo lo que había antes: desde el Mester hasta Candeal pasando por Vanesa Muela. Abre una brecha interesante El Naán, y sobre todo lo vincula con el rural. El resto de grupos era folclore hecho desde la ciudad. Luego vinimos todos los demás. Desde El Nido hasta Delameseta. Está por ahí también Dulzaro. Hay una generación de gente que entendimos que esto era probablemente el último aliento de lo que quedaba, y lo recuperamos. Lo recuperamos en un mundo en crisis de valores, de identidades, con ciudades cada vez más intransitables, ligado al proceso de expulsión que está haciendo Madrid de sus habitantes. Gente que vuelve a mirar a casa. Nosotros hemos ido poniendo ese puntito cultural a todo ese sentir. Tenemos un provincialismo absurdo, y ese concepto de generación es muy interesante para analizar esto. Mañana cualquiera de estos proyectos ha desaparecido, porque es difícil hacerse un hueco, pero si lo analizas como generación la potencia cultural de todo este boom es mucho mayor que proyecto a proyecto.
P. ¿Y cómo se puede llamar esta generación?
R. Hay gente que está utilizando la etiqueta neofolk, así que podría ser neofolk castellano.
P. Neofolk castellano suena más que interesante. Por cierto, dentro de tu proyecto, ¿cuáles son los nuevos planes, las próximas paradas?
R. Vamos a seguir presentando el último disco, creo que todavía le quedará un añito. Y hay dos temas pendientes por publicar. El primero es para la semana que viene o dentro de dos: un remix de una de las canciones del disco: Fiesta en el aire.
P. ¿Quién se encarga del remix?
R. Lo hace Castora Herz. Es un remix loquísimo drum and bass que se lo lleva a la verbena de pueblo, lo hemos grabado en Ampudia.
P. ¿La idea fue suya o tuya?
R. Pues un poco entre los dos. Él me dijo hace tiempo que tenía muchísimas ganas de remezclar uno de mis temas. Estuvimos tonteando un tiempo largo con intentar remezclar Jota para Riaño. Luego le dije que probara con Fiesta en el aire. Probó y quedó de puta madre.
P. ¿Y la primera vez que escuchas una remezcla así no es raro?
R. Sí, es rarísimo. Pero muy guay, porque además nos ha permitido llevarla al directo. Es un remix sobre el que luego se puede cantar.
Víctor David López

