El jueves aterrizaron en Villanubla 126 niños y niñas saharauis, de entre ocho y 12 años, venidos de los campamentos de refugiados de Tinduf. Se quedarán hasta el 3 de septiembre repartidos por familias de Castilla y León, huyendo de los más de 50 grados y de la falta de casi todo que se vive allí. Es el programa “Vacaciones en Paz”, de toda la vida, y otra vez Valladolid abre la puerta.
Pero detrás del abrazo en la terminal hay un problema que cada año pesa más: faltan familias de acogida. La gente que lo lleva haciendo toda la vida no tiene relevo, y las instituciones, en cuestiones de apoyo real muestran muy poco. Y esto no va solo de unas semanas de piscina: a estos niños les hacen aquí revisiones médicas que en Tinduf ni existen. Cada familia que falta es un niño que se queda sin esa oportunidad.
Toda la información sobre este programa está en la web de la asociación Amigos del Pueblo Saharaui de Castilla y León. ¿Moverán ficha de verdad las instituciones públicas para que el año que viene no sean menos los niños que logren escapar, aunque sea un rato, del infierno del desierto?
Acción social frente a la parálisis internacional
Casi a la vez que aterrizaban los críos, pequeños embajadores, CCOO Castilla y León se sentaba con Abdalahe Hamad Jlil, delegado del Frente Polisario en la región. Y el sindicato no cayó en el uso ya extendido de la corrección política: exigió autodeterminación para el pueblo saharaui y que de una vez se cumplan las resoluciones de la ONU que llevan décadas cogiendo polvo en un cajón.

Lo que trasladó el delegado en esa reunión no invita precisamente al optimismo. Marruecos sigue apretando con los ataques con drones sobre territorio saharaui (uno de los últimos causó la muerte a tres miembros del Frente Polisario, hecho no que no fue condenado por el Gobierno Español, en deuda histórica con el Sáhara Occidental), y los derechos humanos van a peor. En las cárceles marroquíes hay presos políticos en huelga de hambre, denunciando que no reciben atención médica y que las condiciones de reclusión rozan lo inhumano. Y el grupo de Gdeim Izik ha vuelto a la protesta, justo cuando se cumplen quince años de que arrasaran aquel campamento, exigiendo la excarcelación.
Frente a tanta parálisis internacional, en Valladolid se sigue apostando por lo de siempre: ayudar directamente. En esa misma reunión con el Polisario ya se puso fecha a la próxima caravana solidaria, cargada de alimentos, medicamentos y material escolar rumbo a los campamentos.
Estos niños que acaban de aterrizar en la ciudad van a pasar el verano jugando en nuestros parques, ajenos por unas semanas a todo eso. Pero sus familias siguen en el desierto, olvidadas por España, atacadas por Marruecos y fuera de la agenda política del resto del mundo.
JML

