Coincidiendo con la semana de la celebración del Primero de Mayo, Día del Trabajador, principal fecha del movimiento obrero, tendrá lugar este miércoles 29 de abril (19:00) en la librería Akelarre la presentación del libro Cómo ganar una huelga (Catarata, 2026), de Òscar Murciano. Es la guía esencial para afrontar un conflicto laboral.
El libro define, para empezar, los diferentes tipos de huelga que existen. Se habla de las huelgas defensivas, de las huelgas ofensivas y también de las que se convocan sobre empresas privadas, sobre empresas públicas o sobre empresas concesionarias de un servicio público. Son una de las herramientas clave de la clase trabajadora, en cualquier rincón del planeta, pero cada huelga es un mundo.
Òscar Murciano, el autor del libro, fue secretario de Acción Social y posteriormente de Acción Sindical de la CGT de Catalunya entre 2014 y 2023. Ha participado activamente en numerosos conflictos sindicales y actualmente es secretario de Acción Sindical del Sindicato de Actividades Diversas de Terrassa y miembro de la Coordinadora de Informática de la CGT.
Una de las situaciones más delicadas que analiza el texto es el alargue del conflicto. Cuanto más tiempo dure, más dificultades para que los trabajadores soporten la presión. Para que no se venga abajo la movilización, Murciano señala una combinación de tres factores. “Por un lado, hay que someter a la empresa al máximo de presión posible, creando nuevos núcleos de presión para que sea más sostenible la huelga. Tiene que ser más de la que estamos habituados en los conflictos sindicales clásicos de huelga, banderita y concentración”. Hay que evitar, también, que bajen los ánimos. “Cuanto mayor es la moral, mejor se aguantan las dificultades económicas”. Y luego está “la caja de resistencia, para que la plantilla puede amortiguar el desgaste que le está suponiendo una huelga larga”.
Dependiendo del sector de la empresa, la táctica ha de ser una u otra. No todo conflicto sucede en una cadena de montaje. “El objetivo de desgaste en una empresa privada es el daño económico”, indica el autor; “pero en los casos del sector público, puedes atacar a la empresa concesionaria sin obviar a la parte de la responsabilidad de las administraciones públicas y del partido político que está detrás”. La experiencia de Òscar Murciano le dice que vale la pena y da buen resultado “buscar la confrontación con ese partido político para producirle un desgaste de imagen, un desgaste electoral, con el responsable que esté allí, que tiene una ambición política personal”.
De este modo, los representantes políticos acabarán interesados en encontrar una solución para un problema que les está afectando. Para que los responsables no puedan esgrimir que lo que acontece es un problema con una empresa en particular y que ellos no saben nada del asunto, lo mejor es “colocar a los políticos en el centro del conflicto”.
Justamente esta es una de las modalidades de huelga que conoce bien el compañero que estará acompañando en Valladolid a Òscar Murciano y moderando el evento: Raúl Arnáez, secretario de comunicación de la Coordinadora Regional de Transporte Sanitario de la CGT en Castilla y León. Arnáez pondrá sobre la mesa un ejemplo actual: el del propio servicio en el que trabaja. Un servicio básico, esencial y público que debería ser de gestión directa pero que a la hora de la verdad está subcontratado y recae en manos de los accionistas de un fondo de inversión inglés, que no tienen pensado perder ni un céntimo de sus beneficios.
En el ámbito político, en Baleares, Navarra o La Rioja se ha logrado internalizar el servicio regional de transporte sanitario: ese es el objetivo de la lucha en Castilla y León, aunque la movilización no es tan sencilla como en otros sectores. “Es una huelga que no tiene repercusión social”, reconoce Arnáez. “A nosotros nos da rabia. A los pacientes y a los usuarios no los podemos dejar colgados con este servicio. Estamos hablando de infartos, de accidentes de tráfico, de ictus. Estamos hablando de personas”.
En su caso, no paran la producción de una fábrica. Cuando consiguen sacar adelante un paro, tienen que afrontar “unos servicios mínimos del cien por cien, que tenemos pensado denunciarlos, claro”, explica Arnáez. Han peleado para que se les reconocieran las guardias de 24 horas, porque la patronal no reconocía todo ese periodo como trabajo efectivo. “Las veinticuatro horas estamos en una base, en un centro de trabajo, en estado de alerta, para que cuando llegue un aviso estemos operativos en el vehículo en menos de cuatro minutos”. Esta sentencia les fue favorable en el Tribunal Supremo.
El fondo de inversión en cuestión tiene una falta de liquidación de cuotas a la Seguridad Social en Castilla y León de aproximadamente ocho millones de euros, y dado que el servicio está dentro de la cartera del Servicio Nacional de Salud (lo tendría que prestar la administración, pero lo tiene subcontratado), ante esta deuda la Junta es responsable solidaria y subsidiaria. En caso de impago, lo pagarían ellos. Por eso cada conflicto es un mundo, y por eso hay que aprender a cómo ganar una huelga.
Víctor David López



