Estos días he estado bastante activa. Y no solamente porque es inherente a mi propia condición, sino también porque estoy participando en varios proyectos que no solo dan visibilidad a lo que soy sino, también, a lo que quiero ser: charlas, entrevistas, y, sobre todo, mucha divulgación. Cosas que a mí me llenan el espíritu, y hacen que desnude mi alma ante el mundo.
En este tipo de actos, una conoce gente, gente muy variada, gente muy diversa e incluso aparece algún que otro reencuentro que ni por asomo se contaba con él. Reencuentros en los que el tiempo parece diluirse en la magia del instante.
Personas que creen que nos hemos olvidado de ellas, pues suponen que la memoria humana es frágil, y que quedan descolocadas al ver que mi memoria funciona tan bien como un arma ante el, a veces, indómito paso del tiempo.
Otras veces, aparecen personas de distintos ámbitos que me recuerdan cada día que realmente es mucho más poderoso y útil aquello que nos une que aquello que creemos que nos separa.
Sí, estoy muy activa, y no es por la primavera, sino por el propio deseo de pertenecer al mundo, de transmitir y compartir.




