Tras descubrir en el artículo anterior el encanto histórico de Medina de Rioseco (enlace), nuestro viaje por Castilla y León continúa rumbo a otro de esos lugares donde parece que el tiempo se ha detenido. En esta ocasión ponemos rumbo a Castrillo de los Polvazares, un pequeño pueblo maragato famoso por sus calles empedradas, su arquitectura tradicional de piedra y, por supuesto, por uno de los platos más emblemáticos de la gastronomía leonesa: el cocido maragato.

A pocos kilómetros de Astorga encontramos este pueblo de la comarca de la Maragatería, una localidad en la que es común ver a los peregrinos que
recorren el Camino de Santiago y que también disfrutan del encanto de un lugar que forma parte de la red de los Pueblos Más Bonitos de España. Además, fue declarado en 1980 Conjunto Histórico-Artístico, una distinción más que acertada, debido a su excelente estado de conservación, que
prácticamente mantiene su aspecto original. Sus casas de piedra y arcilla roja contrastan con ventanas, balcones y puertas pintadas en tonos verdes, azules o blancos, mientras que sus calles empedradas refuerzan esa sensación de viaje al pasado.

A nuestra llegada encontramos una amplia zona de aparcamiento donde dejar el vehículo, ya que Castrillo de los Polvazares tiene restringido el acceso a coches. Esto permite disfrutar de la visita caminando con tranquilidad y apreciar aún más cada rincón del pueblo. Cruzando el puente que marca la entrada a la localidad nos adentramos en su calle principal, donde desde los primeros pasos podemos observar las características fachadas y el encanto de sus calles. A pocos metros aparece la primera plaza y, en una de sus esquinas, un crucero de madera sobre un pedestal de piedra. La cruz cuenta con una pequeña hornacina que protege la imagen de Cristo que se encuentra en su interior.

Continuando el recorrido por la calle principal, auténtica columna vertebral del pueblo, encontramos pequeños guiños a su historia: una rueda de carro, sacos con productos de la huerta, trigo y otros cereales. También destacan las fachadas de las casas con grandes portalones que antiguamente daban acceso a los carruajes tirados por animales. Y es que Castrillo de los Polvazares y toda la comarca de la Maragatería estuvieron muy vinculados a los arrieros, un gremio cuyo sustento económico se basaba en el transporte de mercancías desde el norte de España. En esta comarca, epicentro del tránsito arriero, vivieron los últimos arrieros de la península.

Una de las cosas que más me gustó fueron sus patios interiores, conservados y decorados con mimo por vecinos y restaurantes. En ellos se pueden ver pequeños aperos de labranza, utensilios de cocina y otros objetos utilizados en aquella época, que ayudan a mantener viva la memoria del pasado. A pocos metros de la calle principal encontramos la iglesia de Castrillo de los Polvazares, situada junto a la plaza de Concha Espina. Este templo barroco del siglo XVII destaca por su fachada de piedra rojiza, característica de la arquitectura maragata, al igual que las fachadas de muchas de las casas del
pueblo.

Durante nuestra visita también pudimos disfrutar de su gastronomía en uno de los restaurantes situados en el interior de la localidad, dentro de una de las casas tradicionales. Probamos su plato más emblemático: el cocido maragato. Una curiosidad es que este cocido se come “al revés”, comenzando por la carne —chorizo, oreja, tocino, lacón— seguido por los garbanzos y las verduras, y terminando con la sopa. La experiencia no solo es deliciosa, sino que también sorprende a quienes no conocen esta tradición. Para entender el origen de esta forma de comerlo hay que volver a los arrieros maragatos. Se dice que, al llegar cansados de sus viajes, comenzaban por la carne para recuperar fuerzas, dejando la sopa para el final, ya que ayudaba a entrar en calor y completar la comida. Así, el cocido maragato no es solo un plato tradicional, sino también un viaje gastronómico a la historia del pueblo. Además del cocido, probamos otros productos típicos de la región, como embutidos caseros, quesos y dulces, un reflejo de la riqueza culinaria de la Maragatería. En Castrillo de los Polvazares disfrutamos de un lugar con mucho encanto, perfecto para la fotografía gracias a sus calles empedradas y casas de piedra. Un destino en el que se puede apreciar la arquitectura tradicional maragata
mientras se descubre su historia y se saborea su plato más famoso. Una experiencia que combina patrimonio, gastronomía y un ambiente auténtico.





