La esclavitud en el continente africano, sobre todo la trata de seres humanos rumbo al territorio conquistado en las Américas, es un espinoso asunto ante el que España casi siempre se ha puesto de perfil a lo largo de los siglos. Sin embargo, en los últimos tiempos poco a poco van apareciendo rincones para la discusión y el diálogo, muy necesarios para comprender nuestro pasado y esquivar los radicalismos.
Todos los domingos de febrero el Museo de Arte Africano Arellano Alonso, de la Universidad de Valladolid, se convierte en un espacio de reflexión conjunta sobre la esclavitud. El formato elegido es una visita comentada (12:30 en el Palacio de Santa Cruz, al precio simbólico de un euro) por voluntarios de la Universidad Permanente Millán Santos y completada y enriquecida por la experiencia y opinión de los visitantes, en un fértil ida y vuelta que siempre suma, y más en un país poco dado a estos análisis.
Posiblemente sea esta, la reflexión conjunta, la mejor fórmula para tratar esta dolorosa etapa de nuestra historia en una ciudad como Valladolid, uno de los lugares clave del proceso de conquista de América y todo lo que conllevó y vino después. En Valladolid, sin ir más lejos, tuvo lugar la famosa Junta (que pasó a la historia como La Controversia) en la que Bartolomé de las Casas trató de proteger a las comunidades indígenas.
En la visita, a la vez que se circula por las diferentes salas y vitrinas del museo, surge la autocrítica hacia los países colonizadores y esclavistas como España. Se hace mención a varias fortunas españolas procedentes de la trata de seres humanos, poniendo como ejemplo las de Antonio López, Marqués de Comillas, o la de la familia Güell en Barcelona. Los casos son muy numerosos: destaca también el de la mismísima María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, esposa del rey Fernando VII y madre de Isabel II. Todos ellos se hicieron ricos traficando con personas esclavizadas (con los que llegaban con vida, ya que gran parte fallecían durante la travesía por el océano Atlántico).

Los esclavizados procedían de las regiones de la costa oeste africana (lo que hoy son los territorios de países como Senegal, Nigeria, Camerún o Angola) y su destino, dependiendo de la época, fue Cuba, Puerto Rico, Colombia o Venezuela, forzados a trabajar en minas de oro y plata o en plantaciones de azúcar, café o algodón.
Por supuesto se mencionó también la actuación esclavista de otros países europeos, como Portugal (rumbo a Brasil), Francia o Inglaterra, con especial hincapié en Leopoldo II, rey de Bélgica, y su crueldad en el Congo.
Como punto mejorable, dado que al Museo de Arte Africano, y a la visita en sí misma, le falta algo de contenido relacionado con el tema propuesto (la esclavitud) en esta iniciativa (fundamentalmente porque las piezas de las distintas colecciones llevan al visitante en otras direcciones), sería preferible considerarlo un punto de partida o un proyecto en desarrollo, que esperemos se concrete en un futuro no muy lejano. Tendríamos así una pequeña pero justa e importante medida de reparación.
V.D.L.




