Era la cuarta vez que Rufus T. Firefly actuaba en la vallisoletana sala Porta Caeli, y llegaron dispuestos a rodar el nuevo trabajo, Todas las cosas buenas (octavo de una carrera de casi veinte años), prácticamente en su totalidad. Celebran que su público es lo que más les pide: las canciones nuevas. Eso, explicó Víctor Cabezuelo, les hace sentirse vivos y más jóvenes musicalmente hablando.
Era difícil predecir en 2006 que este proyecto, nacido en Aranjuez, aguantara hasta nuestros días con este aspecto tan próspero y saludable; conociendo muy bien su camino, pero sabiendo salirse de él a investigar y, cuando toca, sabiendo sentarse a descansar. Si el indie (las carreras musicales autogestionadas, o gestionadas de manera independiente) es lo que la industria nos ha intentado vender en las últimas décadas, entonces esto debe ser el otro lado del indie.
El combo lleva un buen tiempo engranado a la perfección, liderado por Cabezuelo (voz, guitarra, teclados) y Julia Martín-Maestro (batería y voz), fundadores, con Miguel de Lucas al bajo; Juan Feo en la percusión; Manuela en los teclados, y Marc Sastre a la guitarra (sustituyendo en esta ocasión a Carlos Campos). Para esta velada, marcaron las diferencias desde el comienzo: dos de las tres primeras canciones fueron las dos que canta Julia en este nuevo disco: Coro del amanecer, elegantísimo arranque de actuación, y Ceci n’est pas une pipe.
Vestía Víctor Cabezuelo precisamente una camiseta con la inscripción “El indie no hizo nada por mí”, una de las frases de Trueno azul, composición homenaje a su viejo vehículo noventero, aún en funcionamiento (sus amigos lo llaman truño azul). Fue uno de los mejores momentos del espectáculo, junto con El principio de todo, la canción con más punch del reciente lanzamiento.

El público que llenó a rebosar la sala Porta Caeli tuvo el lujo también de escuchar El reverso, la canción (publicada como sencillo en 2024) que les encargó nada más y nada menos que el Museo del Prado para ambientar la exposición “Reversos”, esa que desvelaba las historias que guardan la parte de atrás de los cuadros (bocetos, dedicatorias, anotaciones varias e incluso cesiones testamentarias).
Canta por mí, de El Último de la Fila, fue el tercer tema que interpretó Julia, esta vez de pie y micro en mano (mientras Cabezuelo se hacía cargo de la batería momentáneamente). Julia reconoció haber escuchado mucho los discos del grupo barcelonés cuando era pequeña. Su voz sonaba melosa mientras la banda llevaba la composición de Manolo García y Quimi Portet a un lugar muy lejano.
Canción de paz, el tema que inaugura Todas las cosas buenas, fue otra de las canciones que tuvo discurso especial. Parece ser que formó parte de unas probaturas estilo bossa que la banda dejó olvidadas en un cajón. Fue propuesta del percusionista, Juan Feo, recuperarla y rematarla. Acaba de publicarse y ya va camino de convertirse en una de las composiciones más hermosas de este año musical en España. De giros de guion como este está llena la historia de la música.

Por aquel entonces la noche ya era toda una masterclass de Julia a la batería. Por eso está situada en primera línea, y por eso en Nebulosa Jade (el gran hit del disco Magnolia, presentado con Víctor Cabezuelo como “un clásico”) la frase de “eres la pegada de John Bonham” se transformó en “la pegada de Martín-Maestro”.
A la hora de los bises, con los asistentes ya muy entregados, llegaron dos latigazos de una discografía rotunda: Sé dónde van los patos cuando se congela el lago (del disco El largo mañana) y Río Wolf (otro hit del LP Magnolia). Material tienen de sobra, y están en estado de gracia. ¿Lo mejor de todo? Que no lo dan importancia.
VDL



