Treinta años haciendo música es un hito que hay que celebrar con purpurina, bocinas, petardos y una mascletá si es necesario. Entre el público vallisoletano de La Habitación Roja, los invitados a esta fiesta de cumpleaños, había nuevos amigos; seguidores de segunda generación que se han ido subiendo al tren sobre la marcha, y sobre todo grupos de fans incondicionales que igual que estaban en el Carrión estuvieron en su momento en Subterfugio o en Radiola (hace ya un buen tiempo que ninguna de las dos salas existe).
Ambas visitas, hace siglos, las recuerda perfectamente Jorge Martí. Se acordaba (así lo contó sobre el escenario el pasado viernes) incluso de que en Subterfugio había que bajar unas escaleras, y que aquella vez, cuando llegaban para presentar El hombre del espacio interior y el resto de temas del álbum Radio (2001), juntaron a unas ochenta o cien personas.
Canciones imborrables en la biografía de La Habitación Roja fueron surgiendo con cierto rigor cronológico: idas y venidas de Noruega a Valencia con atmósferas únicas como las que crearon cuando llegó la hora de Mi habitación (arrancaron con ella), Fotógrafo del alma o Indestructibles. Todos esos hits sonaron como nunca y al mismo tiempo como la primera vez.
Hubo recuerdo especial para el productor Steve Albini (1962-2024), responsable del sonido de algunos discos de Pixies, Nirvana, Jarvis Cocker o PJ Harvey, con quien grabaron en Chicago el larga duración Nuevos tiempos (2005): en vivo no suelen faltar registros de ese trabajo como Nunca ganaremos el mundial, Van a por nosotros o El eje del mal.
Veinticinco años han pasado (igual que de aquella visita a Subterfugio) desde que, en 2001, Jorge Martí compró a Quique Tarrasó, de Girasoules (Vale la pena, Te parece bonito), una guitarra Rickenbaker 330 y un amplificador AC 30. La anécdota no tendría mayor recorrido si no fuera porque ese mismo año Tarrasó fue padre de un niño llamado Martín, hoy vocalista de Tenda, la banda que abrió la noche teloneando a La Habitación Roja. Se trata, por tanto, de una guitarra que une dos familias, dos generaciones y tres bandas, y que sigue sonando por salas de la geografía nacional.

Jorge Martí tuvo el buen detalle de salir a cantar una canción con Martín, arropando a un cuarteto que rindió a un gran nivel y que seguro que se va a quedar en la base de datos de todos los asistentes (fueron seguidos con atención mientras se iba llenando la sala).
En los bises, nueva dosis de memoria (Nuevos románticos y un ramillete más) y un terapéutico baño de masas. Casi con total seguridad todos los presentes en el Carrión la noche del viernes hayan pasado junto a la familia de La Habitación Roja los mejores años de su vida. Ahora hay que mirar hacia el frente. Todos. Pronto llegarán nuevas e ilusionantes grabaciones y, es de esperar, más visitas a Valladolid, quizá para actuar en salas que todavía no existen.

V.D.L.




