Violadores del Verso es un nombre escrito en piedra en la historia del hip hop español. El proyecto reunió a finales de los noventa a unos cuantos superdotados que hacían ruido en las calles de Zaragoza: Kase-O, Lirico, R de Rumba y, por supuesto, uno de los raperos más queridos por el público, Sergio Rodríguez Fernández, más conocido como Sho-Hai.
Los tiempos en Devizio, en la zona del Rollo, parados sin parar de beber, entre punkis, rappers, heavys y góticos, ya se fueron, no volverán, pero la leyenda no solo continúa sino que va en aumento, incluso sin sacar discos como combo. Sho-Hai en solitario, mientras tanto, ya va por el cuarto LP. El último se titula Silencio. Lo presenta este viernes en Valladolid (Level Club, antes Sala Black Pearl). Abren las puertas a las 20:30. Social24Horas ha conversado con él en mitad de los ensayos. Por cierto, Violadores del Verso vuelven a sonar juntos en la canción más especial de este álbum.
PREGUNTA. En 1997 circulaban cintas con la maqueta de Bufank y pronto comenzaron a circular las de Violadores del Verso. Nueve años después erais número uno en ventas con el tercer disco, Vivir para contarlo. ¿Cómo se gestiona esto mentalmente?
RESPUESTA. Pues se cumplen veinte años ya, pero ni nos dimos cuenta de esa movida de ser número uno en ventas en España. No es que nos diese igual, pero les hacía más ilusión a nuestras madres. Siempre nos ha pasado. Hubo un premio de la MTV hace años que ni fuimos a buscarlo. Estábamos viendo la televisión un jueves en el local Lírico, Marcos (nuestro manager y técnico de sonido) y yo echando unos litros de cervezas, y nos dieron el premio. Dijimos “hostia, pues ya nos lo mandarán”. Y ahí lo tenemos en una estantería. En esa época, desbancar de las listas de ventas a Bisbal, pues imagínate. Todas las multinacionales se hacían cruces: ¿estos gachos quiénes son? No son conocidos, no salen en la televisión. Lo asimilas más con el tiempo. Estábamos de gira, nerviosos y no lo hicimos mucho caso. Pero muy orgullosos de hacer un disco como Vivir para contarlo, que es una piedra. Hay pocas bailables ahí.
P. Pocos raperos en España son capaces de soltar tanta verborrea en sus letras como tú. Hay que ir degustando y digiriendo las frases poco a poco y hay una en el tema Alguien lo tiene que hacer que refleja muy bien todo el hip hop que tienes dentro: “Un escenario es un quitapenas: si no tenía conciertos míos, me iba a hacerle coros al Xhelazz”. ¿Eso sigue siendo así?
R. Así era. Cuando el Xhelazz sacó su disco, hace diecinueve años, el único disco que sacó, El soñador elegido, había fines de semana que yo no tenía conciertos con Violadores del Verso. Estar en un escenario es magia, lo necesitaba, me iba con él porque sí, por la gozadera de viajar con él y pasármelo de puta madre. Me apuntaba a un bombardeo. La magia de un escenario es inexplicable, estés delante de doscientas, de dos mil o de cinco mil personas: es peña que se sabe las canciones que has hecho en casa tú solo.
P. El hilo conductor del nuevo disco es el silencio. ¿Qué se dice Sergio en el silencio de noches sin dormir, o cuando ese silencio no está tan elegido?
R. Muchas veces que digo tantas cosas que no sé ni qué responderme a mí mismo. Centrifugo un amasijo de mierda, por decirlo de alguna forma. Muchas cosas me pregunto. Me guardo mis pequeños secretos para mí. El silencio es relax. No quiero estar solo en la vida. Tengo amigos, tengo familia, gente que me quiere, pero a veces necesito estar en casa tranquilo. Está guay estar solo. Muchas veces piensas demasiado, todos tenemos problemas y cada uno los asimila de una forma, te afectan de una forma u otra. Yo soy un rayao de la vida.
P. También conocido como El Rey de las Cantinas o el Gran Mago Beodo, ¿cómo te ha condicionado cumplir estas expectativas alcohólicas?
R. El otro día un muy buen amigo me dijo que ya no hablaba tanto de beber en las letras, lo cual no quiere decir que no haga mis paseos por los bares, solo que ahora salir de noche ya no me llama tanto. Me mola el tardeo, un vermut por aquí por el barrio, que es más barato que el puto centro. Me encantan los bares del barrio, encontrarme a la peña del barrio, con unos boquerones y unas croquetas, y a las doce de la noche te vas a dormir.
P. Quitando esta fama de los bares y la calidad rapeando, y recordando el título de aquel disco de Violadores del Verso, ¿qué otros vicios y qué otras virtudes tienes?
R. Pues el mayor vicio que tengo es comer. Disfruto comiendo de todo. Me encanta comer, es de las cosas que más me flipan en la vida. Soy bastante verdulero entre semana pero los fines de semana hago bastante más el gorrino, y disfruto el triple. Y virtudes, eso ya lo tendría que decir otra gente, pero siempre me han dicho que mis abrazos son energéticos.
P. ¿Qué evolución ha tenido tu gusto musical? ¿Qué cintas escuchabas en el walkman en los noventa y qué escuchas ahora en Spotify?
R. En el walkman, el rap de los noventa: Das EFX, Wu-Tang Clan, Cypress Hill, todos estos de esa época, tirando de pilas y de boli para rebobinas la cinta. Y al principio los Wu-Tang Clan no me molaban, macho. Les pillé tirria porque aquí había una peña que nos llevábamos mal con ellos, y esa peña escuchaba a los Wu-Tang a todas horas. Pasó un año del primer disco, 36 Chambers, y me dije pero estás tonto o qué: esto es la polla. Es una puta pasada. En esa época, todo lo que pinchaban en el Yo! MTV Raps y se podía conseguir, que costaba bastante conseguirlo, había que pedirlo por correo a Madrid. Y Ahora en el Spotify es que desde antes de sacar el disco no estoy escuchando muchas cosas porque me he dedicado solo al puto disco del Sho-Hai, macho. Quería estar solo enfocado en eso, no quería que me despistase nada, y ahora estoy con los ensayos también, que los llevamos de puta madre. No veo ni series. Cada vez tengo menos neuronas y me cuesta más que se me queden las putas cosas en la cabeza. Soy un perfeccionista: para una cosa que hago, intento hacerla lo mejor posible. Ya tengo ganas de que vaya todo suave y volverme a poner mi reggae, mi funk y las rapeadas que salen siempre. Escucho mucho reggae, es la música de la vida.

P. En toda tu carrera siempre ha aparecido de manera muy transversal la muerte, en nombres de discos, en las letras.
R. Es un tema que siempre me ha despertado mucha curiosidad. Qué habrá después de esto. También por mi forma de ser, tiendo mucho a ser bastante depresivo. Ha habido épocas que no sabía gestionarme la vida y pensabas en quitarte de en medio. ¿Qué es lo más fácil? Pues quitarte de en medio. Y dices, hostias, cómo lo hago para no hacerme sufrir a mí mismo, no lo sé. La mejor manera de morir no sé cuál es. Supongo que ninguna. Luego ya te lo piensas, y piensas en tu madre sobre todo y dices déjate de hacer el gilipollas. Es un tema que siempre me ha llamado la atención. Luego pues pasó lo de mi hermano y ya vi muy de cerca todo eso y me marcó mucho ver el dolor de la familia. Me dije relájate, tío. Se va trabajando en esas cosas para no tener ese tipo de pensamientos tan oscuros y tan jodidos. El irte a otro plano es increíble, no lo sabremos hasta que nos vayamos para allá.
P. Contando estrellas es una canción que ha sorprendido por lo íntimo y por la belleza. ¿Qué canción de tu carrera crees que define mejor a Sergio y cuál crees que define mejor a Sho-Hai?
R. Casi al 98 % o al 97.3 % es lo mismo Sho-Hai que Sergio. Y Contando estrellas fue un estado de ánimo de una época de la vida. La canción es bonita, pero es muy triste a la par. Es esperanzadora. El amor siempre gana al final, pero cuando el amor te da un revés es jodido de asimilar. Siempre he sido muy sensible, para lo bueno y para lo malo, con mis relaciones lo paso siempre muy mal. Si estoy guay, estoy de puta madre, pero si estoy jodido… Y luego las pérdidas familiares. A mí no se me olvida. Sigo soñando con mi hermano y con mi abuela, y en el propio sueño digo pero si tú no estabas aquí ya… Aun en sueños, están presentes.
P. Uno de los momentos más estremecedores del disco, aparte de que es una de las mejores canciones (Hacer frente), es cuando aparece precisamente la voz de tu hermano, Rebel [fallecido en 2020]. Encima con Violadores del Verso al completo, y una emoción que todos conseguís transmitir. Un regalo para todos nosotros. ¿De dónde surgieron estas estrofas?
R. La idea viene del anterior disco, Polvo, lo que pasa es que no tuve huevos. Salió a los dos años, y un año antes ya estaba hecho. Sabía que algún cacho existía por ahí, y pensé que no era el momento, que ya lo haría cuando fuera, estaba muy reciente todo. Y para este disco me ha costado mucho también. Hablé con Rumba y le dije que creía que mi hermano había dejado algo guapo grabado. Rumba buscó en sus discos duros y un día me mandó la joya, macho. Una llorera aquí en casa yo solo del copón. Me reuní con el Lírico y con Javi [Kase-O] para ver si les apetecía salir un cachito. Los Violadores hemos salido en el disco de Javi también, pero esto era una guinda increíble, y con mi hermano, que era el quinto Violador del Verso. Fliparon y también se estremecieron. Le está pasando a mucha peña, que va directa al track once. Amigos de toda la vida han escuchado la movida y, claro, los huevos de punta. Se puede decir que el Rebel está más vivo que nunca. Ese párrafo lo dejó grabado en 2011, y bien lo sabemos todos: era una mente prodigiosa. Un genio. En paz descanse.
P. Silencio nos hace pensar que estamos tan pendientes de lo que pasa en el mundo que dejamos de enterarnos de lo que nos pasa a nosotros mismos.
R. Sí, lo puedes ver por ahí. Y aparte hablando de los putos teléfonos móviles. Sal a la calle, patea la calle, júntate con la gente. La ventana al mundo está ahí, no en una pantalla. La realidad está ahí fuera, y yo me incluyo, que pierdo un montón de tiempo con estas mierdas y me pongo de malísima hostia, y me dan ganas de matar a mucha gente, y de abrazar a mucha otra también.
Víctor David López/ José Botas



