La huerta de La Alholva es un proyecto agroecológico, social y de incidencia política. Así lo define Guillermo Puerta, productor de la pequeña explotación, junto a su compañera Tamara Donado. Un reducto hortícola ubicado en una zona histórica de huertas al norte de la ciudad de Valladolid, pegado al canal del Duero que, desde hace décadas se ve está amenazada por proyectos urbanísticos y la proliferación de industrias. Ante esta situación, Puerta reivindica el acceso a la tierra. Uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los pequeños productores, que, en su opinión, podría solucionarse con una catalogación explícita para que donde se producen alimentos no puedan transformarse en terrenos industriales o residenciales.
La Alholva surge hace más de diez años de manera casual, informa Puertas. Quien, gracias a sus estudios en ingeniería agrícola, hortofruticultura y jardinería comenzó a producir, coincidiendo con su incorporación como consumidor en uno de los grupos de consumo de Valladolid, donde las personas se organizan para comprar productos frescos, locales y ecológicos directamente a los agricultores o productores cercanos.
Actualmente, es una explotación consolidada que produce hortaliza en ecológico, certificada por el Consejo de Agricultura Ecológica de Castilla y León y una producción que abarca cerca de 80 cultivos a lo largo de todo el año.
La Alholva apuesta por un modelo de venta directa, eliminando intermediarios. Esto les permite ofrecer un mejor precio al consumidor, sin tener que reducir los márgenes de beneficio y hacer frente a los gastos. “Valladolid todavía no es una ciudad con gran demanda de alimentos ecológicos, comparada con otros territorios, pero las personas que lo consumen sí que lo aprecian”, explica el productor.
En este sentido, distribuyen a grupos de consumo, elaborando cestas semanales que se pueden pedir a través su web laalholva.es y en mercados ecológicos, como el de Palencia (el segundo sábado de cada mes, en la plaza Mayor, de 10 a 14 h). “Más adelante, nos planteamos la posibilidad de vender cantidades más grandes a comedores escolares, centros de acopio o conservadoras”, anuncia.

La frescura, el valor añadido
Los productos de La Alholva destacan por su frescura, asegura Guillermo Puerta. “Nuestros consumidores compran hortalizas que han sido cosechadas ese mismo día, y tienen una alta calidad organoléptica gracias a que trabajamos con variedades locales y tradicionales”, informa.
“Estos alimentos son más sanos porque están producidos sin ningún químico de síntesis y usamos estiércol ecológico en pequeñas cantidades, frente a superproducciones industriales que utilizan mucha agua y abonos en detrimento del sabor y de las texturas”, expone.
En la Alholva se respetan los ciclos de producción y maduración, pero también la temporada de cada alimento. Sin embargo, Puerta es consciente de que el cambio climático cada vez hace más complicado los cultivos de verano y son los de los de invierno los que responden mejor.

La agroecología más allá del término ecológico
Para Guillermo la palabra agroecología es clave. “La ecología es un certificado, pero la agroecología da un paso más allá porque aborda el proceso de manera integral, conozco a quien le vendo, cómo y dónde produzco, y, además, genero vínculos con mis consumidores gracias a un trato directo y cercano”, añade. Gracias a este fenómeno el cliente se implica en el proceso y se siente parte del proyecto.
Puerta destaca que este modelo genera una serie de valores intangibles como puede ser la confianza, la fijación de población, el emprendimiento en mujeres en el ámbito rural o la creación de una red. Por el contrario, “cuando se va a comprar al supermercado la relación es impersonal porque no sabes quién está detrás de cada producto”, argumenta.
En su opinión, la agroecología “va más allá del acto de consumir en ecológico, es un acto político y de resistencia”. Y reivindica que, “además de llevarte un alimento más sano a la boca, contribuyes a fijar población, a generar beneficios medioambientales, producir biodiversidad y bienestar animal, a frenar los incendios, a que los pueblos estén más vivos, y a dar oportunidades”.

Un panorama complejo
La agroecología vive una realidad compleja ante la falta de apoyo a los pequeños productores por parte de las administraciones públicas competentes, tanto autonómicas, como provinciales y locales, según expone Guillermo. Por ello, pone sobre la mesa la necesidad de generar políticas que favorezcan la producción y el consumo en ecológico, unido a una apuesta por los mercados locales.
“Antes que conceder una subvención, prefiero que las administraciones modifiquen los planes de contratación y licitación de alimentos en ecológico para los comedores de hospitales, colegios o escuelas infantiles públicas”, apunta Puerta.
En el ámbito local, revela que ya no hay una Estrategia Alimentaria por parte de las administraciones públicas de Valladolid, pese a que sí que existió una hasta 2023, donde participaban todos los actores implicados (las instituciones, los consumidores, los productores, profesionales de la nutrición, la universidad, la hostelería y Mercaolid).
“Se ha pasado de tener una Estrategia Alimentaria de carácter local a tener una Mesa de Alimentación formada por las grandes empresas agroalimentarias, sin contar con los pequeños productores ni con la voz de los consumidores”, se lamenta Guillermo. Para él, es una evidencia de que “interesa que haya un mayor beneficio y capacidad de exportación, no que la gente como mejor”.
S.F.L.


